La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (Anónimo) - pág.31
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la llave que debajo de las pajas tenía, y pareciome lo mas seguro
meterla de noche en la boca. Porque ya, desde que viví con el
ciego, la tenía tan hecha bolsa que me acaeció tener en ella doce
o quince maravedís, todo en medias blancas, sin que me estorbasen
el comer; porque de otra manera no era señor de una blanca que el
maldito ciego no cayese con ella, no dejando costura ni remiendo
que no me buscaba muy a menudo.
Pues así, como digo, metía cada noche la llave en la boca,
y dormía sin recelo que el brujo de mi amo cayese con ella; mas
cuando la desdicha ha de venir, por demás es diligencia.
Quisieron mis hados, o por mejor decir mis pecados, que una noche
que estaba durmiendo, la llave se me puso en la boca, que abierta
debía tener, de tal manera y postura, que el aire y resoplo que
yo durmiendo echaba salía por lo hueco de la llave, que de cañuto
era, y silbaba, según mi desastre quiso, muy recio, de tal manera
que el sobresaltado de mi amo lo oyó y creyo sin duda ser el
silbo de la culebra; y cierto lo debia parecer.
Levantóse muy paso con su garrote en la mano, y al tiento y
sonido de la culebra se llegó a mí con mucha quietud, por no ser
sentido de la culebra. Y como cerca se vio, pensó que allí en las
pajas do yo estaba echado, al calor mío se había venido.
Levantando bien el palo, pensando tenerla debajo y darle tal
garrotazo que la matase, con toda su fuerza me descargó en la
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