La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (Anónimo) - pág.18
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limosna, y había llovido mucho la noche antes. Y porque el día
también llovía, y andaba rezando debajo de unos portales que en
aquel pueblo había, donde no nos mojábamos; mas como la noche se
venía y el llover no cesaba, díjome el ciego:
"Lázaro, esta agua es muy porfíada, y cuanto la noche más
cierra, más recia. Acojámonos a la posada con tiempo."
Para ir allá, habíamos de pasar un arroyo que con la mucha
agua iba grande. Yo le dije:
"Tío, el arroyo va muy ancho; mas si queréis, yo veo por
donde travesemos más aína sin nos mojar, porque se estrecha allí
mucho, y saltando pasaremos a pie enjuto."
Parecióle buen consejo y dijo:
"Discreto eres; por esto te quiero bien. Llévame a ese
lugar donde el arroyo se ensangosta, que agora es invierno y
sabe mal el agua, y mas llevar los pies mojados."
Yo que vi el aparejo a mi deseo, saquéle debajo de los
portales, y llevélo derecho de un pilar o poste de piedra que en
la plaza estaba, sobre la cual y sobre otros cargaban saledizos
de aquellas casas, y digole:
"Tío, éste es el paso más angosto que en el arroyo hay."
Como llovía recio, y el triste se mojaba, y con la priesa
que llevábamos de salir del agua que encima de nos caía, y lo
más principal, porque Dios le cegó aquella hora el entendimiento
(fue por darme de él venganza), creyóse de mí y dijo:
"Ponme bien derecho, y salta tú el arroyo."
Yo le puse bien derecho enfrente del pilar, y doy un salto
y póngome detras del poste como quien espera tope de toro, y
díjele:
"!Sus! Salta todo lo que podáis, porque deis deste cabo del
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