La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (Anónimo) - pág.9
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Luego él tornaba a dar voces, diciendo:
"¿Mandan rezar tal y tal oración?", como suelen decir.
Usaba poner cabe sí un jarrillo de vino cuando comíamos, y
yo muy de presto le asía y daba un par de besos callados y
tornábale a su lugar. Mas duróme poco, que en los tragos conocía
la falta, y por reservar su vino a salvo nunca después
desamparaba el jarro, antes lo tenía por el asa asido. Mas no
había piedra imán que así trajese a sí como yo con una paja
larga de centeno, que para aquel menester tenía hecha, la cual
metiéndola en la boca del jarro, chupando el vino lo dejaba a
buenas noches. Mas como fuese el traidor tan astuto, pienso que
me sintió, y dende en adelante mudó propósito, y asentaba su
jarro entre las piernas, y atapábale con la mano, y así bebía
seguro.
Yo, como estaba hecho al vino, moría por él, y viendo que
aquel remedio de la paja no me aprovechaba ni valía, acordé en
el suelo del jarro hacerle una fuentecilla y agujero sotil, y
delicadamente con una muy delgada tortilla de cera taparlo, y al
tiempo de comer, fingiendo haber frío, entrabame entre las
piernas del triste ciego a calentarme en la pobrecilla lumbre
que teníamos, y al calor della luego derretida la cera, por ser
muy poca, comenzaba la fuentecilla a destillarme en la boca, la
cual yo de tal manera ponía que maldita la gota se perdía. Cuando
el pobreto iba a beber, no hallaba nada.
Espantábase, maldecíase, daba al diablo el jarro y el vino,
no sabiendo qué podía ser.
"No diréis, tío, que os lo bebo yo -decía-, pues no le
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