Calila y Dimna (Anónimo) - pág.125
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» Et después que oyó el rey al cuervo, dijo a un
su privado: «¿Qué te paresce que fagamos a este cuervo?»
Dijo: «Non tengo por bien que razones con él, ca éste, por
que es de muy grand acuerdo, se fizo atormentar así. Et en lo
matar habremos espacio e folgura, e seremos seguros de su
falsedat, e habrán grant pérdida los cuervos en él, ca dicen
que el que tiene su enemigo en su poder e non se espacia dél
non loará la cima de su fecho.» Dijo el rey a otro su privado:
«A ti, ¿qué te semeja deste cuervo?» Dijo: «Mi consejo es de
lo non matar, que el homne deshonrado, maguer que enemigo
sea, razón es de haber homne piadat dél e que le deje a vida;
que el homne que ha miedo e demanda acorro, merece ser
segurado e acorrido; que las aventuras a las veces traen al
homne a tal estado que demande acorro a su enemigo e
metérsele en poder, así como la muger del viejo que fuyó e se
fue para él, maguer que lo quería mal.» Dijo el rey: «¿Cómo
fue eso?» La mujer Dijo: «Dicen que era un mercadero rico, e era muy viejo, e del viejohabía una muger muy fermosa que él mucho amaba. Así que
una noche entró un ladrón en casa del mercadero, et él
estando dormiendo. Et su muger estaba despierta, et ella hubo
gran miedo del ladrón, e ella saltó con el marido en la cama
et abrazóse con él tan reciamente que le despertó. Et él dijo
entre su corazón: «¿Cómo me dio Dios esta buena andanza?»
Et entonce vio al ladrón, et sopo por qué le viniera, et dijo al
ladrón: «Toma cuanto podieres levar, e vete en buena hora, e
por que me has fecho que mi muger me abrace.»
Et desí preguntó el rey al tercero privado qué era su
acuerdo cerca de aquel cuervo.
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