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La República (Platón) - pág.250

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Página 250 de 377



-De todos modos es fuerza que sea como tú dices -observó.
-¿Y no es también cierto -pregunté- que el hombre tiránico es la semejanza de la ciudad tiranizada y el democrático la de la gobernada democráticamente y así los demás?
-¿Cómo no?
-¿Y del mismo modo la proporción en virtud y dicha entre una ciudad y otra ha de existir también entre hombre y hombre?
-¿Qué otra cosa cabe?
-¿Y cuál es la diferencia en virtud entre la ciudad tiranizada y la real, de que discurrimos en primer término?
-La de ser todo lo contrario -contestó-: la una es la mejor; la otra, la peor que existe.
-No te preguntaré -dije yo- a cuál de ellas aplicas cada uno de esos calificativos, porque es manifiesto; pero ¿es el mismo tu juicio acerca de su felicidad y desdicha o es distinto? Y no nos deslumbremos fijando los ojos en el tirano solo o en unos cuantos que pueda tener a su alrededor, sino que, como es necesario que nos filtremos en la ciudad yla contemplemos íntegramente, sólo debemos dar nuestra opinión una vez que la hayamos recorrido y visto toda ella.
-Recta -dijo- es tu advertencia; y con ello para todo el mundo resulta evidente que no hay ciudad más infeliz que la tiranizada ni más dichosa que la gobernada por el rey.
-¿Y no tendría yo razón -dije- al advertir lo mismo en el juicio acerca de los hombres, exigiendo que juzgue sobre ellos aquel que pueda penetrar y ver con su mente en el carácter de ellos y no se deslumbre, mirando desde fuera como un niño, por la superioridad que afectan los tiranos ante los extraños, sino distinga como debe? ¿Y si yo pensara que todos debíamos oír a ese sujeto capaz de juzgar y que, por otra parte, ha vivido en la misma casa del tirano, ha estado a su lado en los casos de la vida doméstica, en sus relaciones con las personas de su propio hogar, en las que ha podido vérsele más desnudo de su indumento teatral, y también en los azares públicos, y si, después que él ha visto todo esto, le requiriera yo a que nos comunicase cuál es el estado de dicha o infelicidad del tirano en relación con el de los demás[L792]?
-Estarías muy en razón al pedir eso -contestó.
-¿Quieres, pues -dije-, que supongamos que nosotros mismos poseemos esta capacidad de juzgar y que ya nos hemos encontrado en la vida con tales hombres, a fin de que tengamos quien conteste a nuestras preguntas?
-Sí por cierto.

V -Vamos, pues -seguí-: examina la cosa conmigo. Acuérdate de la semejanza que existe entre la ciudad y el individuo y, considerando a cada cual punto por punto, expón cuanto les ocurre a uno y otro.


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