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La República (Platón) - pág.249

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-Verdad que son pequeños -dijo- los males de que hablas si son pocos los tales sujetos.
-Es que lo pequeño -dije yo- es pequeño en relación con lo grande; y todas estas cosas no son nada, como suele decirse, al lado del tirano en lo que toca a la miseria y desdicha de la ciudad. Pero, cuando llega a ser grande el número de esos hombres y el de los otros que les siguen, y cuando se dan cuenta de su multitud, entonces son ellos los que, ayudados por la insensatez del pueblo, engendran como tirano a aquel de entre ellos que lleve a su vez en la propia alma al más grande y consumado tirano[L789].
-Naturalmente -dijo-, porque ése será el más apropiado para la tiranía.
-Si los otros ceden, bien; pero, si no lo consiente la ciudad, lo mismo que entonces reprimía a su padre y a su madre, reprimirá ahora a su patria si puede atrayéndose nuevos amigos; y bajo los tales tendrá y mantendrá esclavizada a la anteriormente amada, a la patria o matria como dicen los cretenses[L790]. Y éste será el término del deseo de tal hombre.
-Ése en un todo -dijo.
-Ahora bien -proseguí-, Lesos hombres no se comportan, en privado y antes de gobernar, del modo siguiente? ¿No ocurre, ante todo, que aquellos con quienes conviven se hacen sus aduladores, dispuestos a servirles en lo que sea, o ellos mismos, si en algo necesitan de alguno, se arrastran a sus pies tomando impúdicamente todas las apariencias, como si fueran sus deudos, para reaparecer como extraños cuando han conseguido lo que querían?
-Muy de cierto.
-Y así no son en toda su vida amigos de nadie, sino siempre déspotas de alguno o esclavos de otro; pues de la verdadera libertad y amistad no gusta nunca la naturaleza tiránica.
-Desde luego.
-¿Acaso, pues, no llamamos con razón desleales a estos hombres?
-¿Cómo no?
-Y también sumamente injustos si es que fue acertado nuestro acuerdo en lo que va dicho acerca de lo que es la justicia.
-Acertado fue, sin duda -dijo.
-Resumamos, pues -seguí-, en cuanto al hombre más perverso. Éste es, según creo, el que sea tal en vela cual lo describimos antes en sueños.
-Muy de cierto.
-Y llega a ser así el que, teniendo por naturaleza la índole más tiránica, logra reinar por sí solo; y, cuanto más tiempo viva en la tiranía, más se afirmará en ser como es.
-Por fuerza -dijo Glaucón tomando a su vez la palabra[L791].

IV. -¿Y acaso -dije- el que se muestra más perverso no se ha de mostrar también el más desgraciado? ¿Y no lo será igualmente en mayor grado y duración, a decir verdad, el que más y por más tiempo ejerza la tiranía? Pues las opiniones de la multitud son ciertamente distintas en este punto.


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