La República (Platón) - pág.145
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-Justo es hacerlo.
-Pues bien, quizá respondería algún otro, como tú decías hace poco[L383], que no es fácil dar respuesta satisfactoria de improviso, pero no es nada dificil hacerlo después de alguna reflexión.
-Sí, lo diría.
-¿Quieres, pues, que a quien de tal modo nos contradiga [L384]le invitemos a seguir nuestro razonamiento por si acaso le demostramos que no existe ninguna ocupación relacionada con la administración de la ciudad que sea peculiar de la mujer?
-Desde luego:
-«¡Ea, pues -le diremos-, responde! ¿No decías acaso que hay quien está bien dotado con respecto a algo y hay quien no lo está, en cuanto aquél aprende las cosas fácilmente y éste con dificultad? ¿Y que al uno le bastan unas ligeras enseñanzas para ser capaz de descubrir mucho más de lo que ha aprendido, mientras el otro no puede ni retener lo que aprendió en largos tiempos de estudio y ejercicio? ¿Y que en el primero las fuerzas corporales sirven eficazmente a la inteligencia, mientras en el segundo constituyen un obstáculo? ¿Son tal vez otro o éstos los caracteres por los cuales distinguías al que está bien dotado para cada labor y al que no?»
-Nadie -dijo- afirmará que sean otros.
-¿Y conoces algún oficio ejercido por seres humanos en el cual no aventaje en todos esos aspectos el sexo de los hombres al de las mujeres? ¿O vamos a extendernos hablando de la tejeduría y del cuidado de los pasteles y guisos, menesteres para los cuales parece valer algo el sexo femenino y en los que la derrota de éste sería cosa ridícud la cual ninguna otra[L385]?
-Tienes razón -dijo-; el un sexo es ampliamente aventajado por el otro en todos o casi todos los aspectos[L386]. Cierto que hay muchas mujeres que superan a muchos hombres en muchas cosas; pero en general ocurre como tú dices.
-Por tanto, querido amigo, no existe en el regimiento de la ciudad ninguna ocupación que sea propia de la mujer como tal mujer ni del varón como tal varón, sino que las dotes naturales están diseminadas indistintamente en unos y otros seres, de modo que la mujer tiene acceso por su naturaleza a todas las labores y el hombre también a todas; únicamente que la mujer es en todo más débil que el varón.
-Exactamente.
-¿Habremos, pues, de imponer todas las obligaciones a los varones y ninguna a las mujeres?
-¿Cómo hemos de hacerlo?
-Pero diremos, creo yo, que existen mujeres dotadas para la medicina y otras que no lo están; mujeres músicas y otras negadas por naturaleza para la música.
-¿Cómo no?
-¿Y no las hay acaso aptas para la gimnástica y la guerra y otras no belicosas ni aficionadas a la gimnástica?
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