La República (Platón) - pág.118
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Con esto se quiere mostrar que, aun entre los demás de la ciudad, cada uno debe ser puesto a un trabajo, que ha de ser aquel para el que esté dotado, de modo que, atendiendo a una sola cosa, conserve él también su unidad y no se divida, y así la ciudad entera resulte una sola y no muchas.
-¡Bien por cierto -dijo-, más insignificante es eso que lo otro!
-En verdad -dije- parecerá, buen Adimanto, que estas prescripciones son muchas y de peso; pero todas son realmente de poca importancia con tal de que guarden aquella única gran cosa del proverbio [L284]o más bien, en vez de grande, suficiente.
-¿Y cuál es ella? -preguntó.
-La educación y la crianza [L285]-contesté-; porque, si con una buena educación llegan a ser hombres discretos, percibirán fácilmente todas estas cosas y aun muchas más que ahora pasamos por alto, como lo de que la posesión de las mujeres, los matrimonios y la procreación de los hijos deben, conforme al proverbio, ser todos comunes entre amigos en el mayor grado posible[L286].
-Y sería lo mejor -dijo él.
-Y aún más -dije-: una vez que el Estado toma impulso favorable, va creciendo a manera de un círculo[L287]; porque, manteniéndose la buena crianza y educación, producen buenas índoles, y éstas, a su vez, imbuidas de tal educación, se hacen, tanto en las otras cosas como en lo relativo a la procreación, mejores que las que les han precedido, igual que sucede en los demás animales.
-Es natural -dijo.
-Para decirlo, pues, brevemente: los que cuidan de la ciudad han de esforzarse para que esto de la educación no se corrompa sin darse ellos cuenta, sino que en todo han de vigilarlo, de modo que no haya innovaciones contra lo prescrito ni en la gimnasia ni en la música; antes bien, deben vigilar lo más posible y sentir miedo si alguno dice
la gente celebra entre todos los cantos
el postrero, el más nuevo que viene a halagar sus oídos[L288],
no crean que el poeta habla, no ya de cantos nuevos, sino de un género nuevo de canto y lo celebren. Porque ni hay que celebrar tal cosa ni hacer semejante suposición. Se ha de tener, en efecto, cuidado con el cambio e introducción de una nueva especie de canto en el convencimiento de que con ello todo se pone en peligro; porque no se pueden remover los modos musicales sin remover a un tiempo las más grandes leyes, como dice Damón y yo creo[L289].
-Ponme a mí también entre los convencidos -dijo Adimanto.
IV -Por tanto, es en el ámbito de la música -dije- donde, según parece, han de establecer su cuerpo de guardia los guardianes.
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