La República (Platón) - pág.104
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Lo que resulta gracioso es que nosotros nos demos cuenta de ello en cuanto se refiere a los artesanos y no, en cambio, cuando se trata de personas acaudaladas y que parecen ser felices.
-¿Cómo? -dijo.
XV -Cuando está enfermo un carpintero -aclaré-, pide al médico que le dé a beber una pócima que le haga vomitar la enfermedad o que le libere de ella mediante una evacuación por abajo[L248], un cauterio o una incisión. Y si se le va con prescripciones de un largo régimen, aconsejándole que se cubra la cabeza con un gorrito de lana y haga otras cosas por el estilo, en seguida sale diciendo que no tiene tiempo para estar malo ni vale la pena vivir de ese modo, dedicado a la enfermedad y sin poder ocuparse del trabajo que le corresponde. Y luego manda a paseo al médico, se pone a hacer su vida corriente y, o se cura y vive en lo sucesivo atendiendo a sus cosas, o bien, si su cuerpo no puede soportar el mal, se muere y queda con ello libre de preocupaciones.
-En efecto -dijo-, he ahí el género de medicina que parece apropiado para un hombre de esa clase.
-¿Y eso no es acaso -dije- porque tiene que dedicarse a una ocupación sin ejercer la cual su vida no valdría la pena de ser vivida?
-Claro -dijo.
-En cambio, del rico podemos decir que no tiene a su cargo ninguna otra tarea tal que la renuncia forzosa a dedicarse a ella le hubiese de hacer intolerable la vida.
-Por lo menos no he oído de nadie que la tenga.
-¿No conoces lo que dijo Focílides -pregunté- que, cuando uno tiene ya suficientes medios de vida, debe practicar la virtud[L249]?
-Yo creo -dijo- que incluso antes de tenerlos.
-Pero no le objetemos nada a este respecto -dije-, sino informémonos nosotros de si ésta [L250]debe ser la ocupación del rico, de tal modo que su vida no sea vida si no la practica, o bien si esa dedicación a las enfermedades, que impide que puedan atender a su oficio los carpinteros y demás artesanos, no se opone en nada al cumplimiento de la exhortación de Focílides.
-Sí se opone, por Zeus -exclamó-. Y hasta es posible que no haya nada que se oponga tanto a ello como el excesivo cuidado del cuerpo que va más allá de la simple gimnástica, pues constituye también un impedimento para la administración de la casa, el servicio militar y el desempeño de cualquier cargo sedentario en la ciudad.
-Y lo que es peor todavía, dificulta toda clase de estudios, reflexiones y meditaciones interiores, pues se teme constantemente sufrir jaquecas o vértigos y se cree hallar la causa de ellos en la filosofía; de manera que es un obstáculo para cualquier ejercicio y manifestación de la virtud, pues obliga a uno a pensar que está siempre enfermo y a atormentarse incesantemente, preocupado por su cuerpo.
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