La República (Platón) - pág.102
Indice General
|
Volver
Página 102 de 377
-Sí, lo he observado.
-Es necesario, pues -dije-, un régimen de vida más flexible para nuestros atletas guerreros, ya que tienen por fuerza que estar, como los canes[L236], siempre en vela, tener sumamente aguzados vista y oído y, aunque cambien muchas veces de aguas y alimentos o padezcan soles y temporales en sus campañas, su salud no debe sufrir quebranto alguno.
-Así me parece a mí.
-¿No será, pues, la mejor gimnástica hermana de la música de que hace poco hablábamos?
-¿A qué te refieres?
-A una gimnástica sencilla y equilibrada, sobre todo si la han de practicar soldados.
-¿Pues cómo será ésta?
-Hasta en Homero -aclaré- pueden hallarse ejemplos de ella. Ya sabes que, cuando comen los héroes en campaña, el poeta no les sirve pescados [L237]a pesar de que están a orillas del mar, en el Helesponto[L238], ni carne guisada, sino únicamente asada, que es la que mejor pueden procurarse los soldados. Porque, por regla general, es más fácil en todas partes encender un fuego que ir acá y allá con las ollas por delante.
-Mucho más.
-Tampoco, que yo recuerde, hace Homero mención jamás de las golosinas. ¿No es algo sabido por todos los atletas que, para que un cuerpo esté en buenas condiciones, hay que abstenerse de toda esta clase de manjares?
-Lo saben muy bien -asintió-; y, en efecto, se abstienen de ellos.
-No creo, pues, que apruebes, amigo mío, la cocina siracusana [L239]ni la variedad de guisos que se comen en Sicilia, si es que te parece que esto está bien.
-Me temo que no.
-También censurarás, por consiguiente, que tengan una amiguita corintia [L240]los hombres que deben mantener sus cuerpos en forma.
-Claro que lo censuro.
-¿Y las supuestas delicias de la pastelería ática[L241]?
-Por fuerza.
-Creo, pues, que haríamos bien poniendo en parangón todo ese género de vida y alimentos con las melodías y cantos compuestos con arreglo a toda clase de armonías y ritmos.
-¿Cómo no?
-¿No vimos que la variedad engendraba allí licencia y aquí enfermedad y, en cambio, la simplicidad en la música infundía a las almas templanza, y en la gimnástica, salud a los cuerpos?
-Nada más cierto -dijo.
-Y cuando en una ciudad prevalecen licencia y enfermedad, ¿no se abren entonces multitud de tribunales y dispensarios y adquieren enorme importancia la leguleyería y medicina, puesto que hasta muchos hombres libres se interesan con todo celo por ellas?
-¿Cómo no va a ocurrir así?
XIV -¿Podrá, pues, haber un mejor testimonio de la mala y viciosa educación de una ciudad que el hecho de que no ya la gente baja y artesana, sino incluso quienes se precian de haberse educado como personas libres, necesiten de hábiles médicos y jueces? ¿Y no te parece una vergüenza y un claro indicio de ineducación el verse obligado, por falta de justicia en sí mismo, a recurrir a la ajena, convirtiendo así a los demás en señores y jueces de quien acude a ellos?
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
101
102
103
104
105
106
107
108
109
110
111
112
113
114
115
116
117
118
119
120
121
122
123
124
125
126
127
128
129
130
131
132
133
134
135
136
137
138
139
140
141
142
143
144
145
146
147
148
149
150
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-377
|