La República (Platón) - pág.101
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-No hay que mezclarlo.
-¿No se debe, pues, mezclar con él el placer de que hablábamos, ni debe intervenir para nada en las relaciones entre amante y amado que amen y sean amados como es debido?
-No, por Zeus -convino-, no se debe mezclar, ¡oh, Sócrates!
-Por consiguiente, tendrás, según parece, que dar a la ciudad que estamos fundando una ley que prohiba que el amante bese al amado, esté con él y le toque [L230]sino como a un hijo, con fines honorables y previo su consentimiento, y prescriba que, en general, sus relaciones con aquel por quien se afane sean tales que no den jamás lugar a creer que han llegado a extremos mayores que los citados[L231]. Y, si no, habrá de sufrir que se le moteje de ineducado ygrosero.
-Así será -dijo.
-Pues bien, ¿no te parece a ti -concluí- que con esto finaliza nuestra conversación sobre la música? Por cierto, que ha terminado por donde debía terminar; pues es preciso que la música encuentre su fin en el amor de la belleza.
-De acuerdo -convino.
XIII. -Bien; después de la música hay que educar a los muchachos en la gimnástica.
-¿Cómo no?
-Es necesario, pues, que también en este aspecto reciban desde niños una educación cuidadosa a lo largo de toda su vida. Mi opinión acerca de la gimnástica es la siguiente; pero considera tú también el asunto. Yo no creo que, por el hecho de estar bien constituido, un cuerpo sea capaz de infundir bondad al alma con sus excelencias, sino al contrario, que es el alma buena la que puede dotar al cuerpo de todas las perfecciones posibles por medio de sus virtudes. ¿Y tú qué opinas de ello?
-Lo que tú -respondió.
-Entonces, ¿no sería lo mejor que, después de haber dedicado al alma los cuidados necesarios, la dejásemos encargada de precisar los detalles de la educación corporal limitándonos nosotros a señalar las líneas generales para no habernos de extender en largos discursos?
-Exacto.
-Pues bien, con respecto a la embriaguez dijimos [L232]que habían de renunciar a ella. Porque de nadie es menos propio, creo yo, que de un guardián el embriagarse y no saber ni en qué lugar de la tierra se halla.
-Sería ridículo -dijo- que el guardián necesitara de un guardián.
-¿Y acerca de la alimentación? Nuestros hombres deben ser atletas que luchen en el más grande certamen[L233]. ¿No es así?
-Sí.
-Entonces ¿les resultará conveniente el régimen de vida que observan estos atletas[L234]?
-Tal vez.
-Sin embargo -objeté-, se trata de un régimen apto para producir somnolencia y hacer la salud precaria. ¿No has observado que estos atletas se pasan la vida durmiendo y, a poco que se aparten de las normas que les han fijado, sufren grandes yviolentas enfermedades[L235]?
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