La vuelta al mundo en 80 días (Julio Verne) - pág.49
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concluyó de hablar, éste último dijo:
-El sacrificio que ha de verificarse mañana al amanecer no es voluntario.
-¿Cómo lo sabéis?
-Es una historia que todo el mundo conoce en el Bundelkund -respondió el guía.
-Sin embargo, esa desventurada no parecía oponer resistencia --observó sir Francis
Cromarty.
-Es porque la han emborrachado con zumo de cáñamo y de opio.
-¿Pero adónde la llevan?
-A la pagoda de Pillaji, a dos millas de aquí. Allí pasará la noche aguardando la hora
del sacrificio.
-Y este sacrificio, ¿se verificará?
-Mañana, con los primeros albores del día.
Después de esta respuesta, el guía hizo salir al elefante de la espesura y montó sobre su
cuello. Pero en el momento en que iba a excitarlo con un silbido particular, nlister Fogg
lo detuvo, y dirigiéndose a sir Francis Cromarty, le dijo:
-¿Y si salvásemos a esa mujer?
-¡Salvar a esa mujer, señor Fogg! -Exclamó el brigadier general.
-Tengo todavía doce horas de adelanto y puedo dedicarlas a esto.
-¡Sois entonces hombre de corazón! -Dijo sir Francis Cromarty.
-Algunas veces -respondió sencillamente Phileas Fog-, cuando me sobra tiempo.
XIII
El intento era atrevido, lleno de dificultades, impracticable quizá. Mister Fogg iba a
arriesgar su vida o al menos su libertad, y por consiguiente el éxito de sus proyectos, pero
no vaciló. Tenía además en sir Francis Cromarty un auxiliar decidido.
En cuanto a Picaporte, estaba preparado y se podía disponer de él. La idea de su amo lo
exaltaba. Lo sentía con alma y corazón bajo aquella corteza de hielo, y le iba concibiendo
cariño.
Quedaba el guía. ¿Qué partido tomaría en el asunto? ¿No estaría inclinado a favor de
los indios?
A falta de concurso, era menester cuando menos asegurar la neutralidad.
Sir Francis Cromarty le planteó la cuestión con franqueza.
-Mi oficial -respondió el guía-, soy parsi-; no tan sólo arriesgamos nuestras vidas, sino
suplicios horribles si nos agarran. Miradio, pues.
-Mirado está -respondió mister Fogg-. Creo que debemos aguardar la noche para obrar.
-Así lo creo también -respondió el guía.
Este valiente indio expuso entonces algunos pormenores sobre la víctima. Era una india
de célebre belleza y de raza parsi, hija de ricos comercianes de Bombay. Había recibido
en esta ciudad una educación absolutamente inglesa y por sus modales y su instrucción
hubiera pasado por europea. Se llamaba Aouida.
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