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La vuelta al mundo en 80 días (Julio Verne) - pág.37

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Fogg durante la travesía de Suez a Bombay, que iba a reunirse con sus tropas acantonadas
cerca de Benarés.
Sir Francis Cromarty, alto, rubio, de cincuenta años de edad, que se había distinguido
mucho en la guerra de los cipayos, hubiera verdaderamente merecido a calificación de
indígena. Desde su joven edad habitaba en India y no había ido sino muy raras veces a su
país natal. Era hombre instruido, que de buena gana hubiera dado informes sobre los
usos, historia y organización del país indio, si Phileas Fogg hubiese sido hombre capaz de
pedirlos. Pero este caballero no pedía nada. No viajaba, sino que estaba escribendo una
circunferencia. Era un cuerpo grave recorriendo una órbita alrededor del globo terrestre,
según las leyes de la mecánica racional. En aquel momento rectificaba para sus adentros
el cálculo de las horas empleadas desde su salida de Londres, y se hubiera dado un
restregón de manos, a no ser enemigo de movimientos inútiles.
No había dejado sir Francis Cromarty de reconocer la originalidad de su compañero de
viaje, bien que no lo hubiera estudiado sino con los naipes en la mano. Tenía, pues,
fundamento para indagar si el corazón humano que latía bajo aquella corteza, si Phileas
Fogg, poseía un alma sensible a las bellezas de la naturaleza y a las aspiraciones morales.
Era esto para él cuestión de ventilar. De todos los seres originales que el brigadier general
había encontrado, ninguno era comparable con ese producto de las ciencias exactas.
Phileas Fogg no había ocultado a sir Francis Cromarty su proyecto de viaje alrededor
del mundo ni las condiciones en que Jo verificaba. El brigadier general no vio en esta
apuesta más que una excentricidad sin objeto útil, ni razonable. En el modo de proceder
del extravagante gentleman lo pasaría evidentemente sin hacer nada ni por sí mismo ni
por sus semejantes.
Una hora después de haber salido de Bombay, el tren, salvando los viaductos, había
atravesado la isla Salcette y corría sobre el continente. En la estación de Callyan, dejó a la
derecha el ramal que, por Kandallah y Punah, desciende al suroeste de la India, y luego a
la estación de Pauwll. Aquí entró en las montañas muy ramificadas de los Gahts
Occidentales, sierra con base de basalto, cuyas altas cumbres están cubiertas de espesos


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