La vuelta al mundo en 80 días (Julio Verne) - pág.27
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que era un hombre impenetrable, etc. Pero al propio tiempo Fix pudo cerciorarse de que
Fogg no desembarcaba en Suez y se iba directamente a Bombay.
-¿Está lejos Bombay? Preguntó Picaporte.
-Bastante lejos -respondió el agente-. Todavía necesitáis unos doce días por mar.
-¿Y dónde está Bombay?
-En la India.
-¿En Asia?
-Naturalmente.
-¡Diantre! Es que voy a deciros... Hay una cosa que me trastoma... Mi mechero.
-¿Qué mechero?
-Mi mechero de gas que se me ha olvidado apagar y que está ardiendo por mi cuenta.
He calculado que sale a dos chelines cada veinticuatro horas, justo seis peniques más de
lo que gano, y ya comprenderéis que a poco que el viaje se prolongue...
¿Comprendió Fix el negocio del gas? Es poco probable. Ya no escuchaba nada y estaba
tomando una resolución. El francés y él habían llegado al bazar. Fix dqlo a su compañero
que hiciera sus compras, le recomendó que no faltase a la salida del "Mongolia", y volvió
con premura al despacho del agente consular.
Fix, ahora firme en su convicción, había recobrado toda su serenidad.
-Señor --dijo al cónsul-; ya no abrigo duda ninguna. Tengo a mi hombre. Se hace pasar
por un excéntrico que quiere dar la vuelta al mundo en ochenta días.
-Entonces, ¿es un ladino que cuenta con volver a Londres después de haber hecho
perder su pista a todas las poblaciones de ambos continentes?
-Eso lo veremos -respondió Fix.
-Pero, ¿no os equivocáis? -Preguntó de nuevo el cónsul.
-No me equivoco.
-Entonces, ¿por qué ha tenido ese ladrón el empeño de hacer visar su pasaporte en
Suez?
-¿Por qué?... No lo sé, señor cónsul -dijo el agente-, pero oídme...
Y en pocas palabras refirió los más importante de su conversación con el criado del
susodicho Fogg.
-En efecto -dijo el cónsul-; todas las presunciones están contra él. ¿Y qué vais a hacer?
-Expedir un despacho a Londres con petición urgente de un mandamiento de prisión,
embarcarme en el "Mongolia", seguir al ladrón hasta la Indias, y en aquella tierra inglesa
salirle al encuentro cortésmente con mi orden en la mano.
-Después de pronunciar estas palabras con frialdad, el agente se despidió del cónsul y
se dirigió al telégrafo, donde envió al director de la policía metropolitana el despacho ya
mencionado.
Un cuarto de hora más tarde, Fix, con su ligero equipaje en la mano y bien provisto de
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