La vuelta al mundo en 80 días (Julio Verne) - pág.26
Indice General
|
Volver
Página 26 de 170
-Sobre todo, es menester no faltar para la hora de salida del buque.
-Aún tenéis tiempo -respondió Fix-; no son más que las doce.
Picaporte sacó un gran reloj.
-¿Las doce? ¡Vaya! ¡Si no son más que las nueve y cincuenta y dos minutos!
-Vuestro reloj atrasa -respondió Fix.
-¡Mi reloj! ¡Un reloj de familia que procede de mi bisabuelo! No discrepa ni cinco
minutos al año. ¡Es un verdadero cronómetro!
-Y yo veo lo que es -respondió Fix-. Habéis conservado la hora de Londres, que va
atrasada unas dos horas con la de Suez. Es preciso cuidar de poner vuestro reloj con el
mediodía de cada país.
-¡Yo tocar mi reloj! -Exclamó Picaporte-. ¡Jamás!
-Entonces, no marchará con el sol.
-¡Peor para el sol, caballero! No será él quien tenga razón.
Y el buen muchacho se metió el reloj en el bolsillo con soberbio ademán.
Algunos instantes después, Fix le decía:
-¿Conqué habéis salido de Londres con precipitación?
-¡Ya lo creo! El miércoles último a las ocho de la noche, mister Fogg, contra su
costumbre, volvió de su círculo, y tres cuartos de hora después nos habíamos marchado.
-Pero, ¿adónde va vuestro amo?
-Siempre adelante. ¡Está dando la vuelta al mundo!
-¿La vuelta al mundo? -Exclamó Fix.
-Sí, señor. ¡En ochenta días! Dice que es una apuesta; pero, sea dicho entre nosotros, no
lo creo. Eso no tendría sentido común. Debe haber algún otro motivo.
-¡Ah! Es muy original ese mister Fogg.
-Ya lo creo.
-¿Luego es rico?
-¡Ciertamente, y lleva consigo una bonita suma de billetes de banco, nuevecitos! ¡Y no
ahorra por cierto el dinero! ¡Como que ha prometido una prima magnífica al maquinista
del "Mongolia" si llegamos a Bombay con buen adelanto!
-¿Y hace mucho tiempo que conocéis a vuestro amo?
-¿Yo? -Respondió Picaporte-. He entrado a servirle precisamente el día de nuestra
marcha.
Imagínese el efecto que estas respuestas debían producir en el ánimo ya sobreexcitado
del inspector de policía.
Aquella salida precipitada de Londres poco después del robo; aquella fuerte suma con
que se hacía el viaje; aquella prisa de llegar a países remotos: aquel pretexto de una
apuesta excéntrica, todo confirmaba y debía confirmar a Fix en sus ideas. Hizo hablar
todavía más al francés, y adquirió la convicción de que ese mozo no conocía a su amo;
que éste vivía aislado en Londres; que se le suponía rico sin saber el origen de su fortuna:
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-170
|