La vuelta al mundo en 80 días (Julio Verne) - pág.20
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Inglaterra a las Indias por el Cabo de Buena Esperanza.
El otro era un hombrecillo flaco, de aspecto bastante inteligente, nervioso, que contraía
con notable persistencia los músculos de sus párpados. A través de éstos brillaba una
mirada viva, pero cuyo ardor sabía amortiguar a voluntad. En aquel momento descubría
cierta impaciencia, yendo, viniendo y no pudiendo estarse quieto.
Aquel hombre se llamaba Fix, y era uno de aquellos detectives ingleses que habían sido
enviados a diferentes puertos después del robo perpetrado en el Banco de Inglaterra.
Debía este Fix vigilar con el mayor cuidado a todos los viajeros que tomasen el camino
de Suez, y, si uno de ellos parecía sospechoso, seguirlo, aguardando un mandato de
prisión.
Precisamente hacía dos días que Fix había recibido del director de la policía
metropolitana las señas del presunto autor del robo, o sea, de aquel personaje bien
portado que había sido observado en la sala de pagos del Banco.
El detective, engolosinado sin duda por la fuerte prima prometida en caso de éxito,
aguardaba con una impaciencia fácil de comprender la llegada del "Mongolia".
-¿Y decís, señor cónsul -preguntó por décima vez-, que ese buque no puede tardar?
-No, señor Fix -respondió el cónsul-. Ha sido visto ayer a la altura de Port Said, y los
ciento sesenta, kilómetros del canal, no son nada para un andador como ése. Os repito
que el "Mongolia" ha ganado siempre la prima de veinticinco libras que el gobierno
concede por cada adelanto de veinticuatro horas sobre el tiempo reglamentario.
-¿Viene directamente de Brindisi? –Preguntó Fix.
-Del mismo Brindisi, donde toma el correo de Indias, y de donde ha salido el sábado a
las cinco de la tarde. Tened paciencia, pues, porque no puede tardar en llegar. Pero no sé
cómo, por las señas que habéis recibido, podréis reconocer a vuestro hombre si está a
bordo del "Mongolia".
-Señor cónsul -respondió Fix-, esas gentes las sentimos más bien que las reconocemos.
Hay que tener olfato, y ese olfato es un sentido especial nuestro, al cual concurren el
oído, la vista y el olor. He agarrado durante mi vida a más de uno de esos caballeros, y
con tal que mi ladrón esté a bordo, os respondo que no se me irá de las manos.
-Lo deseo, señor Fix, porque se trata de un robo importante.
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