La vuelta al mundo en 80 días (Julio Verne) - pág.19
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cincuenta, y aun por doscientos, cuando siete días después de su marcha un incidente
completamente inesperado hizo que ya no se quisiera a ningún precio.
En efecto, durante aquel día, a las nueve de la noche, el director de la policía
metropolitana había recibido un despacho telegráfico así concebido:
Suez a Londres.
Rowan, director policía administración central, Scotland Yard.
Sigo al ladrón del banco, Phileas Fogg. Etiviad sin tardanza mandato de prisión a
Bombay, (India Inglesa).
FIX
El efecto de este despacho fue inmediato. El honorable gentleman desapareció para
dejar sitio al ladrón de billetes de banco. Su fotografía, depositada en el Reform-Club con
las de sus colegas, fue examinada. Reproducía rasgo por rasgo al hombre cuyas señas
habían sido determinadas en el expediente de investigación. Todos recordaron lo que
tenía de misteriosa la existencia de Phileas Fogg, su aislamiento, su partida repentina, y
pareció evidente que este personaje, pretextando un viaje alrededor del mundo y
apoyándose en una apuesta insensata, no tenía otro objeto que hacer perder la pista a los
agentes de la policía inglesa.
VI
He aquí las circunstancias que ocasionaron el envío del despacho concerniente al señor
Phileas Fogg.
El miércoles 9 de octubre se aguardaba, para las once de la mañana, en Suez, el
paquebote "Mongolia" de la Compañía Peninsular y Oriental, vapor de hierro, de hélice y
entrepuente, que desplazaba dos mil ochocientas toneladas y poseía una fuerza nominal
de quinientos caballos.
El "Mongolia" hacía sus viajes con regularidad desde Brindisi a Bombay por el canal
de Suez. Era uno de los de mayor velocidad de la Compañía, habiendo sobrepujado
siempre la marcha reglamentaria de diez millas por hora entre Brindisi y Suez, y de nueve
millas cincuenta y tres centésimas entre Suez y Bombay.
Aguardando la llegada del "Mongolia", dos hombres se paseaban en el muelle en medio
de la multitud de indígenas y de extranjeros que afluyen a aquella ciudad, antes villorrio,
y cuyo porvenir ha quedado asegurado por la grandiosa obra del señor Lesseps.
Uno de aquellos hombres era el agente consular del Reino Unido, establecido en Suez,
quien, a despecho de los desgraciados pronósticos del gobierno británico y de las
siniestras predicciones del ingenioso Stephenson, veía llegar todos los días navíos
ingleses que atraviesan el canal, abreviando así en la mitad, el antiguo camino de
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