Viaje al centro de la Tierra (Julio Verne) - pág.50
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ventana piafaban.
-Vestíme a toda prisa y bajé en seguida a la calle, donde Hans estaba acabando de
cargar nuestra impedimenta, moviéndose lo menos posible, aunque dando muestras de
poseer una extraordinaria destreza. Hacía mi tío más ruido del que era necesario; pero el
guía prestaba, al parecer, poca o ninguna atención a sus recomendaciones,
A las seis, estaba todo listo. El señor Fridriksson nos estrechó las manos. Mi tío le dio,
en islandés, las gracias más expresivas por su amable hospitalidad. Yo, por mi parte, le
saludé cordialmente en mi latín macarrónico. Montamos a caballo, y el señor Fridriksson
espetóme con su último adiós este verso de Virgilio, que parecía hecho expresamente
para nosotros, pobres viájeros que mirábamos con incertidumbre el camino:
El quacumque viam dederit fortuna sequamur.
XII
Habíamos partido con el tiempo cubierto, pero fijo. No había que temer calores
enervantes ni lluvias desastrosas. Un tiempo a propósito para hacer excursiones de recreo.
El placer de recorrer a caballo un país desconocido me hizo sobrellevar fácilmente el
principio de la empresa. Entreguéme por completo a las delicias que la Naturaleza nos
ofrece, ya que no tenía libertad para disponer de mí mismo. Empecé a tomar mi partido y
a mirar las cosas con calma.
"Después de todo" preguntábame a mí mismo, "¿que es lo que arriesgo yo con viájar
por el país más curioso del mundo, y escalar la montaña más notable de la tierra? Lo peor
es el tener que descender al fondo de un cráter apagado. Sin embargo, no cabe duda
alguna que Saknussemm hizo lo mismo. En cuanto a la existencia de un túnel que
conduce al centro del globo... ¡eso es pura fantasía! Por consiguiente, lo mejor será
aprovecharse de todo lo bueno que haya en la expedición. y poner buena cara al mal
tiempo".
Apenas había terminado de hacer estos raciocinios, cuando salimos de Reykiavik.
Hans marchaba a la cabeza, con paso rápido, uniforme y continuo. Seguíanle los dos
caballos que llevaban nuestra impedimenta, sin que fuese necesario guiarlos. Por último,
marchábamos mi tío y yo, y a la verdad que no hacíamos muy mala figura montados en
aquellos animalitos vigorosos, a pesar de su carta alzada.
Es Islandia una de las grandes islas de Europa ; mide 1.400 millas de superficie y sólo
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