Viaje al centro de la Tierra (Julio Verne) - pág.48
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todo en cuatro divlsiones principales.
Los instrumentos eran:
l .°. Un termómetro centígrado de Eigel, graduado hasta 150°, lo cual me pareció
demasiado e insuficiente. Demasiado, si el calor del ambiente había de alcanzar esta
temperatura, pues en semejante caso pereceríamos asados. Insuficiente, si se trataba de
medir la temperatura de los manantiales o de cualquier otra materia en fusión.
2.°. Un manómetro de aire comprimido, dispuesto de manera que marcase las presiones
superiores a las de la atmósfera al nivel del mar, toda vez que, debiendo aumentar la
presión atmosférica a medida que descendiésemos bájo la superficie de la tierra, el
barómetro ordinario no sería suficiente.
3.°. Un cronómetro de Boissonnas el menor, de Ginebra, perfectamente arreglado al
meridiana de Hamburgo.
4.°. Los brújulas de inclinación y de declinación.
5.°. Un anteójo para observaciones nocturnas.
6.°. Los aparatos de Ruhmkorff, que, mediante una corriente eléctrica, daban una luz
portátil, muy segura y poco embarazosa .
Las armas consistían en dos carabinas de Purdley More y Compañía, y dos revólveres
Colt. ¿Qué objeto tenían estas armas? Supongo que no tendríamos que habérnoslas con
salvajes ni animales feroces. Pero mi tío parecía mirar con el mismo cariño su arsenal que
sus instrumentos, y especialmente una buena cantidad de algodón pólvora inalterable a la
humedad, cuya fuerza explosiva es notablemente superior a la de la pólvora ordinaria.
Como herramientas llevábamos dos picos, dos azadones, una escala de seda, tres
bastones herrados, un hacha, un martillo, una docena de cuñas y armellas de hierro, y
largas cuerdas con nudos de trecho en trecho. Todo junto formaba un voluminoso fardo,
pues la escala medía trescientos pies de longitud.
El paquete que contenía las provisiones no era demasiado grande; pero esto no me
preocupaba, pues sabía que encerraba una cantidad de carne concentrada y galleta
suficiente para alimentarnos seis meses. El único liquido que llevábamos era ginebra, con
absoluta exclusión de toda agua: pero íbamos provistos de calabazas, y mi tío contaba
con encontrar manantiales en donde llenarlas, siendo inútiles cuantas observaciones le
hice relativas a su calidad, a su temperatura y hasta sobre su ausencia absoluta.
Para completar la nomenclatura exacta de nuestros artículos de viaje, haré mención de
un botiquín portátil que contenía unas tijeras de punta redonda, tablillas para fracturas,
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