Viaje al centro de la Tierra (Julio Verne) - pág.32
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El vapor
Ellenora no salía hasta la noche. Esta no prevista espera hizo que se apoderase del
irascible viajero una fiebre de nueve horas, durante las cuales envió a todos los diablos a
las administraciones de vapores y ferrocarriles, y a los Gobiernos que toleraban abusos
semejantes. Yo tuve que hacer coro cuando la emprendió con el capitán del Ellenora, a
quien quiso obligar a levar anclas y zarpar inmediatamente. El capitán enviólo a paseo.
En Kiel. como en todas partes, es preciso buscar la manera de matar el tiempo. A fuerza
de pasearnos por las verdes costas de la bahía, en cuyo fondo se eleva la pequeña ciudad;
de recorrer los espesos bosques que le dan el aspecto de un nido colocado entre un grupo
de ramas; de admirar las quintas, provistas todas ellas de su caseta de baños de mar, y de
correr y aburrirnos, sonaron, por fin, las diez de la noche.
Los penachos de humo del Ellenora elevábanse en la atmósfera ; su cubierta retemblaba
bajo los estertores de la caldera; estábamos a bordo, instalados en dos literas colocadas en
la única cámara que poseía el vapor.
A las dos y cuarto, largó el buque sus amarras y avanzó rápidamente sobre las sombrías
aguas del Gran Belt.
La noche estaba obscura: la brisa soplaba fresca levantando imponente marejada;
algunas luces de la costa distinguíanse en medio de las tinieblas: más tarde, no sé qué
faro enviónos sus destellos por encima de las olas. He aquí cuanto recuerdo de aquel pri-
mer viaje.
A las siete de la mañana desembarcamos en Korsör, pequeña ciudad situada en la costa
occidental, donde trasbordamos a otro fèrrocarril que nos condujo a través de un país no
menos llano que las campiñas de Holstein.
Aún faltaban tres horas de viaje para llegar a la capital de Dinamarca. Mi tío no había
pegado los ojos en toda la noche. Creo que, en su impaciencia, empujaba el vagón con los
pies.
Por fin, se descubrió un brazo de mar.
-¡El Sund! -exclamó entusiasmado.
Había a nuestra izquierda un vasto edificio que parecía un hospital.
-Es un manicomio -dijo uno de nuestros compañeros de viaje.
"¡Muy bien!" pensé. "He aquí un establecimiento donde habremos de concluir nuestros
días. Por muy grandes que sean sus dimensiones.
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