Viaje al centro de la Tierra (Julio Verne) - pág.11
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ayudaba a ordenar los pedruscos de mi tío, y los rotulaba conmigo. Graüben era muy
entendida en materia de mineralogía, y le gustaba profundizar las más arduas cuestiones
de la ciencia. ¡Cuán dulces horas habíamos pasado estudiando los dos juntos, y con
cuánta frecuencia había envidiado la suerte de aquellos insensibles minerales que
acariciaba ella con sus delicadas manos!
En las horas de descanso, salíamos los dos de paseo por las frondosas alamedas del
Alster, y nos íbamos al antiguo molino alquitranado que tan buen efecto produce en la
extremidad del lago. Caminábamos cogidos de la mano, refïriéndole yo historietas que
provocaban su risa, y llegábamos de este modo hasta las orillas del Elba; y, después de
despedirnos de los cisnes que nadaban entre los grandes nenúfares blancos, volvíamos en
un vaporcito al desemharcadero.
Aquí había llegado en mis sueños, cuando mi tío, descargando sobre la mesa un terrible
puñetazo, volvióme a la realidad de una manera violenta.
-Veamos -dijo-: la primera idea que a cualquiera se le debe ocurrir para descifrar las
letras de una frase, se me antója que debe ser el escribir verticalmente las palabras.
-No va descaminado -pensé yo.
-Es preciso ver el efecto que se obtiene de este procedimiento. Axel, escribe en ese
papel una frase cualquiera; pero, en vez de disponer las letras unas a continuación de
otras, colócalas de arriba abájo, agrupadas de modo que formen cuatro o cinco columnas
verticales.
Comprendí su intención y escribí inmediatamente:
T o b i a ü
e r e s G b
a o l i r e
d , l m a n
-Bien -dijo el profesor, sin leer lo que yo había escrito-; dispón ahora esas palabras en
una línea horizontal. Obedecí y obtuve la frase siguiente:
Toblaü eresGb aolire d,lnian
-¡Perfectamente! -exclamó mi tío, arrebatándome el papel de las manos-; este escrito ya
ha adquirido la fisonomía del viejo documento; las vocales se encuentran agrupadas, lo
mismo que las consonantes, en el mayor desorden; hay hasta una mayúscula y una coma
en medio de las palabras, exactamente igual que en el pergamino de Saknussemm.
Debo de confesar que estas observaciones pareciéronme en extremo ingeniosas.
-Ahora bien -prosiguió mi tío, dirigiéndose a mí directamente-, para leer la frase que
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