Viaje al centro de la Tierra (Julio Verne) - pág.6
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-¡Impresión! ¿Pero cómo se te ocurre hablar de impresión, desdichado Axel? ¡Bueno
fuera! ¿Pero es que crees por ventura que se trata de un libro impreso? Se trata de un
manuscrito, ignorante, ¡y de un manuscrito rúnico nada menos!
-¿Rúnico?
-¡Sí! ¿Vas a decirme ahora que te explique lo que es esto?
-Me guardaría bien de ello -repliqué, con el acento de un hombre ofendido en su amor
propio.
Pero, quieras que no, enseñóme mi tío cosas que no me interesaban lo más mínimo.
-Las runas -prosiguieran unos caracteres de escritura usada en otro tiempo en Islandia,
y, según la tradición, fueron inventados por el mismo Odín. Pero, ¿qué haces, impío, que
no admiras estos caracteres salidos de la mente excelsa de un dios?
Sin saber qué responder, iba ya a prosternarme, género de respuesta que debe agradar a
los dioses tanto como a los reyes, porque tiene la ventaja de no ponerles en el
comproiniso de tener que replicar, cuando un incidente imprevisto vino a dar a la con-
versación otro giro.
Fue éste la aparición de un pergamino grasiento que, deslizándose de entre las hojas del
libro, cayó al suelo.
Mi tío se apresuró a recogerlo con indecible avidez. Un antiguo documento, encerrado
tal vez desde tiempo inmemorial dentro de un libro viejo, no podía menos de tener para él
un elevadísiino valor.
-¿,Qué es esto? -exclamó emocionado.
Y al mismo tiempo desplegaba cuidadosamcnte sobre la mesa un trozo de pergamino de
unas cinco pulgadas de largo por tres de ancho, en el que había trazados, en líneas
transversales, unos caractcres mágicos.
He aquí su facsímile exacto. Quiero dar a conocer al lector tan extravagantes signos,
por haber sido ellos los que impulsaron al profesor Lidenbrock y a su sobrino a
emprender la expedición más extraña del siglo XIX:
El profesor examinó atentamente, durante algunos instantes, esta serie de garabatos, y
al fin dijo quitándose las gafas:
-Estos caracteres son rúnicos, no me cabe dudá alguna; son exactamente iguales a los
del manuscrito de Snorri Sturluson. Pero... ¿qué significan?
Como las runas me parecían una invención de los sabios para embaucar a los
ignorantes, no sentí que no lo entendiese mi tío. Así, al menos, me lo hizo suponer el
temblor de sus dedos que comenzó a agitar de una manera convulsa.
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