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Una ciudad flotante (Julio Verne) - pág.28

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pero no estaba indicada su matrícula. Su gracioso corte y la hechura particular de su
estrave hizo decir a los marineros que era de construcción americana.
Un buque mercante ordinario o un buque de guerra, no hubiera vacilado en remolcar
aquel casco, que encerraba, sin duda, un cargamento de valor, pues sabido es que, en tales
casos, la tercera parte de éste pertenece a los salvadores. Pero el Great-Eastern,
encargado de un servicio regular, no podía llevar consigo aquel cascarón durante millares
de millas, siéndole también imposible retroceder para dejarlo en el puerto menos distante.
Fue, pues, preciso, abandonarlo, a pesar del sentimiento de los marineros, y pronto se
perdió en el horizonte. El grupo de pasajeros se dispersó, ganando unos sus camarotes,
otros los salones; la bocina del lunch no pudo despertar a todos los dormidos o abatidos
por el mareo.
A las doce del día, el capitán mandó desplegar algunas velas, y el buque, más apoyado,
balanceó menos. Tratóse también de desplegar la cangreja, arrollada a su verga por un
nuevo sistema demasiado nuevo sin duda alguna, pues la vela no pudo aprovecharse en
todo el viaje.

CAPÍTULO X

La vida a bordo se iba organizando, a pesar de los balances desordenados del buque.
Para un anglosajón, un buque correo es su barrio, su calle, su casa que se mueve y está en
su casa. El francés, al contrario, parece siempre que viaja cuando viaja.
La multitud, cuando lo permitía el tiempo, afluía a las anchas calles de la cubierta.
Todos aquellos paseantes, que conservaban su verticalidad a pesar de los balanceos, pare-
cían borrachos, a quienes su enfermedad comunicaba los mismos aires de marcha. Las
pasajeras cuando no subían a cubierta permanecían en su salón particular o en el salón
grande. Oíanse entonces las atronadoras armonías de los pianos; preciso es confesar que
aquellos instrumentos, «borrascosos» como el mar, no hubieran permitido a un Listz
ejercitar su talento. Los bajos faltaban cuando se inclinaba el buque a babor, y los tiples
cuando a estribor, produciendo, en la melodía y la armonía, soluciones de continuidad de
que no se apercibían aquellas orejas sajonas. Entre aquellos aficionados me llamó la
atención una mujer alta y flaca, que debía ser muy inteligente en música. Para poder tocar


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