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Una ciudad flotante (Julio Verne) - pág.27

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frente: su mirada era, a un tiempo, penetrante y descarada; sus ojos enjutos, sus cejas
juntas, sus hombros levantados, su cabeza alta indicaban imprudencia y truhanería.
¿Quién era? No lo sabía, pero me disgustaba en alto grado. Hablaba en voz alta con un
acento que parecía un insulto. Algunos acólitos, dignos de él, celebraban sus chistes de
mal género. Sostenía que lo que se estaba viendo era una ballena, y había importantes
apuestas, que en el acto eran aceptadas.
Sus apuestas ascendían a algunos centenares de dólares; las perdió todas. En efecto el
resto era el esqueleto de un buque. El Great-Eastern se acercaba a él, y ya se veía el
verdoso cobre de su forro. Era una fragata desarbolada, tendida de costado. Debía medir
50 o 60 metros. Cadenas rotas pendían de sus obenques.
Aquel buque, ¿había sido abandonado por la tribulación? Tal era la cuestión palpitante
o, como dirían los ingleses, la «great atraction» del momento. No se veía a nadie sobre
aquel casco. ¿Se habrían refugiado los náufragos a su interior? Mi anteojo me permitió
ver que, en la proa, se movía algo, pero pronto pude convencerme de que era un pedazo
de foque que el viento agitaba.
Cuando llegamos a una milla de distancia, pudimos ver todos los detalles del casco. Era
nuevo y estaba bien conservado. Su cargamento, que se había corrido a impulsos del
viento, le obligaba a permanecer sobre la banda de estribor. Debía aquel barco haberse
visto obligado a sacrificar su arboladura.
El Great-Eastern se acercó y dio a su alrededor una vuelta completa, avisando su
presencia con silbidos que desgarraban el aire. Pero el cascarón siguió mudo e
inanimado. Nada se distinguía en el horizonte. No había ningún bote a los costados del
buque náufrago.
Sin duda la tripulación había logrado escaparse. Pero a 300 millas de distancia ¿habría
podido llegar a tierra? Débiles lanchas ¿podrían haber resistido oleadas que conmovían al
Great-Eastern? ¿Sería muy antigua la fecha de la catástrofe? ¿No pudiera haber ocurrido
el naufragio, mucho más al Oeste, en atención a los vientos reinantes? ¿No hacía mucho
tiempo que aquel casco derivaba, a impulsos del viento y de las corrientes? Preguntas que
debían quedar sin respuesta.
Al llegar el Great-Eastern a la popa del buque náufrago, pude leer el nombre de Lérida,


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