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Una ciudad flotante (Julio Verne) - pág.16

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llevaban cinturones salvavidas. Al pairo los esperaba una elegante goleta, a la cual
abordaron muy pronto.
Rompióse de nuevo la marcha, acelerándose la del Great-Eastern a impulso de sus
ruedas y su hélice. El buque no arfaba, a pesar del viento que soplaba de proa. Pronto
cubrieron las sombras el mar, perdiéndose en la noche la costa del condado de Gales,
señalada por la punta de Holg-Head.


CAPÍTULO VI

Al otro día, 27 de marzo, el Great-Eastern seguía, por estribor, la accidentada costa
irlandesa. Mi habitación era un camarote de primera de proa, muy bonito, iluminado por
dos anchas partes de luz; estaba separado del salón de proa por otra fila de camarotes, de
manera que no podían llegar a él las estrepitosas melodías de los pianos, que no es-
caseaban, ni de las conversaciones. Era una choza aislada, a lo último de un arrabal. Sus
muebles eran una litera, un tocador y un escaño.
A las siete de la mañana, después de atravesar las dos primeras salas, llegué a la
cubierta, por la cual vagaban ya los viajeros. Un balanceo apenas perceptible, movía el
buque. El viento era bastante fresco, pero la mar, desenfilada por la costa, no podía ser
gruesa. Me tranquilizaba por completo la indiferencia del Great-Eastern, que me parecía
de buen agüero.
Desde la toldilla del café vi la extensa costa, elegantemente perfilada, que debe el
nombre de «Costa de Esmeraldas» a su verdura perpetua. Algunas casitas desparramadas,
un puesto de aduaneros, un blanco penacho de humo procedente de alguna locomotora
que atravesaba un valle entre dos colinas, algún telégrafo óptico aislado, haciendo
muecas a los buques que veía mar adentro, la animaban.
El mar que nos separaba de la costa tenía un color verde sucio, como si fuese una tabla
manchada irregularmente de sulfato de cobre. El viento seguía refrescando, algunas nie-
blas revoloteaban, como masas de polvo, bricks y goletas numerosas trataban de alejarse
de la costa; los steamers pasaban escupiendo humo negruzco, pero el Great-Eastern, aun-
que no iba animado de gran velocidad, los dejaba rezagados, sin trabajo.
Pronto, tuvimos a la vista a Lucen´s Town, puertecillo de arribada, delante del cual
maniobraba una escuadrilla de pescadores. Todo buque, venga de América o de los mares
del Sur, sea de vapor o de vela, de guerra o mercante, suelta allí, al pasar de largo, su


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