Una ciudad flotante (Julio Verne) - pág.6
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momentáneamente abandonada. Aquel inmenso barco, dispuesto para el transporte de
viajeros, no parecía servir para nada: la desconfiada casta de los pasajeros de ultramar lo
despreciaba. Después del fracaso de las primeras tentativas para establecer el cable sobre
su meseta telegráfica (mal éxito, debido en gran parte a la insuficiencia de los buques que
lo transportaban), los ingenieros se acordaron del Great-Eastern. Sólo él podía almacenar
a su bordo aquellos 3.400 kilómetros de alambre, que pesaban 4.500 toneladas. Sólo él
podía, gracias a su indiferencia a los embates del mar, desarrollar y sumergir aquél
inmenso calabrote. Pero la estiba del cable en el buque exigió cuidados especiales. Se
quitaron dos calderas de cada seis y una chimenea de cada tres, pertenecientes a la
máquina de la hélice, y en su lugar se dispusieron vastos recipientes, para alojar el cable
preservándolo una capa de agua de las capas atmosféricas. De este modo, el hilo pasaba
de aquellos lagos flotantes al mar, sin sufrir el contacto de la atmósfera.
La operación de tender el cable se efectuó con pleno éxito, y después, el Great-Eastern
fue relegado de nuevo a su costoso abandono. Tuvo entonces lugar la Exposición Uni-
versal de 1867. Una compañía francesa, llamada de los Fletadores del Great-Eastern, se
fundó, con el capital de dos millones de francos, con la intención de emplear el imnenso
buque en el transporte de visitadores transoceánicos. De aquí la necesidad de volver a
apropiar el Great-Eastern a este destino, de cegar los recipientes, restablecer las calderas,
agrandar los salones que debían habitar muchos miles de pasajeros; de construir aquellos
camarotes con comedores suplementarios, y por último, de disponer tres mil camas en los
costados del inmenso casco.
El Great-Eastern fue fletado al precio de 25.000 francos mensuales. Se ajustaron dos
contratas con «G. Forrester y Compañía», de Liverpool: la primera, de 538.750 francos
para el establecimiento de las nuevas calderas de hélice; la segunda, de 662.500 francos,
para reparaciones generales y mobiliario del buque.
Antes de. emprender estos últimos trabajos, el «Board of Trade» exigió que el buque
fuera sacado del agua, para poder reconocer escrupulosamente su casco. Hecha esta cos-
tosa operación, se reparó cuidadosamente y con grandes gastos una ligera grieta de la
quilla. Procedióse luego a la instalación de las nuevas calderas.
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