Una ciudad flotante (Julio Verne) - pág.2
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verdadero agujero, propio por su profundidad, para recibir buques del mayor calado, tales
como el Great-Eastern, a quien están rigurosamente vedados casi todos los puertos del
mundo. Gracias a su disposición natural, esos dos riachuelos, el Támesis y el Mersey, han
visto fundarse en sus desembocaduras dos inmensas ciudades mercantiles, Londres y
Liverpool; por idénticas causas existe Glasgow sobre el riachuelo Clyde.
En la cala de New-Prince se estaba calentando un ténder, pequeño barco de vapor
dedicado al servicio del Great-Eastern. Me instalé sobre su cubierta, ya llena de
trabajadores que se dirigían a bordo del gigantesco buque. Cuando estaban dando las siete
de la mañana en la torre Victoria, largó el ténder sus amarras y siguió a gran velocidad la
ola ascendente del Mersey.
Apenas había desatracado, reparé en un joven que quedaba en la cala, su estatura era
elevada y su fisonomía arístocrática era la que distingue al oficial inglés. Me pareció re-
conocer en él a uno de mis amigos, capitán del ejército de la India, a quien no había visto
hacía muchos años. Pero sin duda me engañaba, pues el capitán Macelwin no podía haber
regresado de Bombay sin que yo lo supiera. Además, Macelwin era un muchacho alegre,
un compañero divertido, y el personaje que estaba ante mis ojos parecía triste y como
abrumado por un dolor secreto La rapidez con que se alejaba el ténder hizo que muy
pronto se desvaneciera la impresión producida en mi mente por aquella semejanza.
El Great-Eastern se hallaba anclado a unas tres millas más arriba, a la altura de las
primeras casas de Liverpool. Desde el muelle de New-Prince era imposible verlo. No lo
distinguí hasta que llegamos al primer recodo del río. Su imponente mole parecía un
islote medio dibujado entre la bruma. Se nos presentaba de proa, pero el ténder lo rodeó y
pronto pude ver toda su longitud. Me pareció lo que era: ¡enorme! Tres o cuatro
«carboneros» arrimados a él, vertían en su interior, por las aberturas practicadas sobre la
línea de flotación, su cargamento de carbón de piedra. Junto al Great-Eastern aquellas
fragatas parecían lanchas. Sus chimeneas no llegaban a la primera línea de portas de luz
practicadas en su casco; sus masteleros de juanete no pasaban de sus bordas. El gigante
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