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El Faro del Fin del Mundo (Julio Verne) - pág.45

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En cuanto a las provisiones, no había para que preocuparse. Bastaban las que tenían los almacenes del faro, aunque hubiese sido preciso mantener doble número de bocas. Y en caso de necesidad, hubiérase podido recurrir a las reservas de la caverna. En suma, el aprovisionamiento de la goleta estaba asegurado para una larga travesía en los mares del Pacífico.
El mal tiempo duró hasta el 12 de enero.
Toda una semana perdida; pues había sido absolutamente imposible poder trabajar. Kongre creyó prudente meter una parte del lastre en la goleta, que daba vueltas como un bote.
El viento cambió durante la noche del 12 al 13 y saltó bruscamente de cuadrante.
Durante esta semana había pasado un barco a la vista de la Isla de los Estados. Como era de día, no pudo comprobar si el faro funcionaba. Navegaba con pabellón francés con dirección al estrecho de Lamaire.
Pasó a unas tres millas de la costa, y fue necesario emplear el larga vista para reconocer su nacionalidad. Si Vázquez le hizo señales desde el cabo San Juan, seguramente que no fueron advertidas a bordo, pues un capitán francés no hubiera vacilado en poner la proa a tierra para recoger un naufrago.
En la mañana del 13, el lastre de la goleta fue de nuevo desembarcado, y la visita a la cala pudo hacerse con más detenimiento que en el cabo San Bartolomé. El carpintero declaró que las averías eran más graves de lo que en un principio se supuso. Visiblemente, el barco no hubiera podido prolongar su navegación más allá de la bahía de Elgor; había necesidad, por lo tanto, de ponerlo en seco, a fin de proceder a la reparación.
El carpintero Vargas, auxiliado por sus compañeros, no dudaba en llevar a cabo su trabajo. SÍ no lo lograba, hubiera sido imposible a la Maule, incompletamente reparada, aventurarse a través del Pacífico.
La primera operación era acostar a la goleta en la playa, lo que no podía hacerse sin el auxilio de la marea. Era necesario esperar otros dos días para que llegase la gran marea de la nueva luna, que permitiría conducir la goleta bastante tierra adentro para que permaneciese en seco durante el tiempo necesario.
Kongre y Carcante aprovecharon este retraso para volver a la caverna: y esta ver lo hicieron con la chalupa del faro, más grande que el bote de la Maule. En ella conducirían una parte de los objetos cíe valor, oro y plata, procedentes del pillaje, alhajas y otras materias preciosas, que se depositarían en el almacén del faro.


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