El Faro del Fin del Mundo (Julio Verne) - pág.41
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Esto fue como un rayo de esperanza. En cuanto el bote regresara a la caleta, saldría de su escondite y buscaría la entrada de la caverna, donde tal vez encontrase víveres bastantes para subsistir hasta que llegase el «aviso».
Y lo que él desearía entonces, si se aseguraba la existencia por algunas semanas, es que los miserables no pudiesen abandonar la isla.
Sí, que estuviesen allí todavía cuando regresara el Santa Fe, y que el comandante Lafayate vengara el crimen.
¿Pero se realizarían estos deseos? Bien pensado, Vázquez se decía que la goleta no debía haber hecho allí escala más que para dos o tres días, el tiempo necesario para embarcar todo lo encerrado en la caverna. Luego abandonarían la Isla de los Estados, sin volver allí Jamás.
Después de pasar una hora próximamente en el interior de la caverna, los tres hombres reaparecieron y se pasearon por la playa. Vázquez pudo continuar oyendo la conversación, que mantenían en alta voz, y de la que muy pronto había de sacar provecho.
-Vamos, esa buena gente no nos ha desvalijado durante nuestra ausencia.
-Y cuando la Maule se haga a la mar tendrá todo su cargamento.
-Y las provisiones necesarias para la travesía.
-Efectivamente; lo que es con las de la goleta no hubiéramos podido asegurar la comida y la bebida hasta las islas del Pacífico.
-Los imbéciles no han sabido descubrir en quince meses nuestro escondrijo.
-Debemos estarles agradecidos. No hubiera valido la pena de atraer los barcos hacia los arrecifes de la isla para luego perder todo el beneficio.
Al oír esta conversación, que más de una vez había provocado las risotadas de aquellos miserables, Vázquez, con el corazón lleno de cólera, estuvo tentado más de una vez & arrojarse sobre ellos, con el revólver en la mano, para meterles una bala en la cabeza; pero se contuvo. Más valía no perder una silaba de esta conversación. Ya sabía el abominable cometido que estos malhechores habían desempeñado en aquella parte de la isla, y no pudo sorprenderle que añadieran:
-Ahora que los capitanes vengan a buscar el famoso faro del Fin del mundo... ¡Ya pueden abrir bien los ojos para verlo!...
-Algunos se estrellarán navegando a ciegas por estos parajes.
-Yo espero que antes de la partida de la Maule vengan uno o dos barcos a naufragar en las rocas del cabo San Juan. Es preciso que carguemos nuestra goleta hasta la borda, ya que el diablo nos la ha enviado.
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