El Faro del Fin del Mundo (Julio Verne) - pág.31
Indice General
|
Volver
Página 31 de 99
Agarrando una hacha, les amenazó con abrir la cabeza al primero que desertase de su puesto: y ya sabían todos que cumpliría la amenaza.
Los bandidos se aferraron a las manivelas en un esfuerzo desesperado. La barra del timón se movió, indicando que se desprendía de la arena.
-¡Hurra! ¡Hurra! - gritaron todos, sintiendo que la Maule estaba a flote. El viraje del cabestrante se aceleró, y pocos instantes después la goleta flotaba fuera del banco.
Media hora más tarde, después de haber sorteado las rocas a lo largo de la playa, la goleta fondeaba en la caleta de los Pingouins, a dos millas del cabo San Bartolomé.
VI
EN LA BAHIA DE ELGOR
La operación había tenido un éxito completo. Pero no había terminado todo. En aquel fondeadero estaba expuesta al fuerte oleaje y a las tempestades del noroeste. En la época de las fuertes mareas del equinoccio no hubiera podido permanecer ni veinticuatro horas en la caleta.
Kongre no lo ignoraba, y su intención era abandonar el fondeadero al día siguiente.
Pero antes era necesario completar la visita del barco y verificar el estado de su casco en el interior. Aunque ya estaban convencidos que la goleta no haría agua, era necesario saber si tenía alguna reparación que hacer, en previsión de una travesía bastante larga.
Kongre puso enseguida sus hombres a la faena, a fin de trasladar el lastre que tenia en la cala de babor a estribor. No era menester desembarcarlo, lo que abreviaba el tiempo y la fatiga, sobre todo el tiempo que era lo que importaba en la situación poco segura en que la Maule se encontraba.
El hierro viejo que constituía el lastre fue primeramente transportado de proa a popa para poder examinar bien la cala.
Este examen fue cuidadosamente hecho por Kongre y Carcante, ayudados por un chileno, un tal Vargas, que había trabajado anteriormente en los astilleros de Valparaíso, y conocía bien el oficio.
No encontraron más que una avería de alguna importancia: una depresión del casco en una longitud de metro y medio. Esta abolladura debía provenir de un choque contra alguna roca, antes que la goleta embarrancase en el banco de arena.
Se imponía la reparación antes de hacerse a la mar, a menos que se tratara de una breve travesía con tiempo bonancible. Era probable que esta reparación exigiese una semana, suponiendo que se dispusiera de los materiales y útiles necesarios para el trabajo.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-99
|