El Faro del Fin del Mundo (Julio Verne) - pág.27
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Aunque el viento le era contrario, buscaba el estrecho, en el que estaría antes de la noche. -Es una goleta -dijo Carcante. -Sí, una goleta de ciento cincuenta a doscientas toneladas- añadió Kongre.
La banda entera habíase agrupado en el extremo del cabo.
No era la primera vez que aparecía un barco a tan corta distancia de la Isla de los Estados. Los bandidos propusieron provocar un naufragio más.
-No -contestó Kongre-, no conviene que esta goleta se pierda... Procuremos apoderarnos de ella... La corriente y el viento le son contrarios; la noche va a ser como boca de lobo; le será imposible dar en el estrecho. Mañana la tendremos todavía a la vista, y ya veremos lo que nos conviene hacer.
Una hora después, el barco desaparecía en medio de una profunda oscuridad, sin que ninguna luz denunciara su presencia.
Durante la noche, el viento saltó al sudoeste.
Al lucir el día, cuando Kongre y sus compañeros bajaron a la playa, vieron a la goleta embarrancada en los arrecifes del cabo San Bartolomé.
V
LA GOLETA «MAULE»
Seguramente que no se calumniaba a estos miserables arrojándoles a la cara el nombre de piratas. Esta criminal existencia debían haberla llevado en los parajes de las Salomón y de las Nuevas Hébridas, donde los barcos eran todavía frecuentemente atacados en aquella época. Y sin duda, a consecuencia de la batida organizada contra los piratas por el Reino Unido, Francia y América en esta parte del Océano Pacífico, nuestros bandidos tuvieron que refugiarse en el archipiélago magallánico, luego en la Isla de los Estados, donde se dedicaron a recoger restos de naufragios.
Cinco o seis de los compañeros de Kongre y de Carcante habían también navegado como pescadores y marineros de buques mercantes y estaban habituados a la vida de mar. Los demás serían el complemento de la tripulación, si la banda lograba apoderarse de la goleta. Esta goleta, a Juzgar por su casco y su arboladura, no debía ser de más de 150 a 160 toneladas. Una ráfaga del oeste la había arrojado durante la noche en un banco de arena sembrado de rocas, contra las que hubiera podido estrellarse. Pero no parecía que el casco hubiese sufrido gran cosa. Inclinada sobre babor, descubría hacia el mar su banda de estribor. Su arboladura estaba intacta: el mástil de mesana, el palo mayor, el bauprés y las velas.
La víspera, por la tarde, cuando la goleta fue divisada, luchaba contra un viento nordeste bastante fuerte, tratando de ganar la entrada del estrecho Lemaire.
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