De la Tierra a la Luna (Julio Verne) - pág.48
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y la coraza de los buques blindados, estando aquél destinado a atravesar a ésta y estando
ésta resuelta a no dejarse atravesar. De esta lucha nació una transformación de la marina
en los Estados de los dos continentes. La bala y la plancha lucharon con un
encarnizamiento sin igual, la una creciendo y la otra engrosando en una proporción
constante. Los buques, armados de formidables piezas, marchaban al combate al abrigo
de su invulnerable concha. El Merrimac, el Monitor, el Ram Tennessee, el Wechausen(1)
lanzaban proyectiles enormes, después de haberse acorazado para librarse de los
proyectiles contrarios. Causaban a otros el daño que no querían que los otros les
causasen, siendo éste el principio inmoral en que suele descansar todo el arte de la guerra.
1. Buques de la Armada americana.
Y si Barbicane fue el gran fundidor de proyectiles, Nicholl fue un gran forjador de
planchas. El uno fundía noche y día en Baltimore, y el otro forjaba día y noche en
Filadelfia. Los dos seguían una corriente de ideas esencialmente opuestas.
Apenas Barbicane inventaba una nueva bala, Nicholl inventaba una nueva plancha. El
presidente del Gun-Club pasaba su vida pensando en la manera de abrir agujeros, y el
capitán pasaba la suya pensando en la manera de impedirle que los abriera. He aquí el
origen de una rivalidad continua que se convirtió en odio personal.
Nicholl se aparecía a Barbicane en sus sueños bajo la forma de una coraza impenetrable
contra la cual se estrellaba, y Barbicane se aparecía en sus sueños a Nicholl como un
proyectil que le atravesaba de parte a parte.
Los dos sabios, si bien seguían dos líneas divergentes, se hubieran al fin encontrado a
pesar de todos los axiomas de geometría, pero se hubieran encontrado en el terreno del
duelo. Afortunadamente, aquellos dos ciudadanos, tan útiles a su país, se hallaban
separados uno de otro por una distancia de 50 a 60 millas, y sus amigos hacinaron en el
camino tantos obstáculos que no llegaron a encontrarse nunca.
Nose podía decir de una manera positiva cuál de los dos inventores había triunfado del
otro. Los resultados obtenidos volvían difícil una apreciación justa. Parecía, sin embargo,
que al fin la coraza había de ceder a la bala. Con todo, había dudas entre las personas
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