De la Tierra a la Luna (Julio Verne) - pág.44
Indice General
|
Volver
Página 44 de 143
pólvora se inflame instantáneamente para que su efecto mecánico sea completo.
-Podríamos -dijo J. T. Maston- abrir varios agujeros para aplicar el fuego a un mismo
tiempo a distintos puntos.
-Sin duda -respondió Elphiston-. Pero complicaríamos la operación. Me atengo, pues, a
mi pólvora de grano grueso que allana todas las dificultades.
-Sea -respondió el general.
-Para cargar su columbiad -añadió el mayor- Rodman empleaba una pólvora de granos
gruesos como castañas, hecha con carbón de sauce, tostado sencillamente en calderas de
hierro fundido. Era una pólvora dura y brillante, que no manchaba la mano; contenía una
gran proporción de hidrógeno y de oxígeno, se inflamaba instantáneamente y, aunque
muy desmenuzable, no deterioraba sensiblemente las bocas de fuego.
-Me parece, pues -respondió J. T. Maston-, que no debemos vacilar y que la elección
está hecha.
-A no ser que prefiráis la pólvora de oro -replicó el mayor riendo, to que le valió un
ademán amenazador con que le contestó la mano postiza de su susceptible amigo.
Hasta entonces, Barbicane se había abstenido de tomar paxte en la discusión. Dejaba
hablar y escuchaba. Evidentemente meditaba algo. Se contentó con preguntar
sencillamente:
-¿Y ahora, amigos, qué cantidad de pólvora proponéis? -
Los tres miembros del Gun-Club se miraron mutuamente por un instante.
-Doscientas mil libras -dijo, por fin, Morgan.
-Quinientas mil -replicó el mayor.
-Ochocientas mil -exclamó J. T. Maston.
Esta vez, Elphiston no se atrevió a calificar a su colega de exagerado. En efecto, se
trataba de enviar a la Luna un proyectil de veinte mil libras, dándole una fuerza inicial de
doce mil yardas por segundo. Siguió a la triple proposición hecha por los tres colegas un
momento de silencio.
El presidente Barbicane lo rompió.
-Mis bravos camaradas -dijo con voz tranquila-, yo parto del principio de que la
resistencia de nuestro cañón, construido en las condiciones requeridas, es ilimitada. Voy,
pues, a sorprender al distinguido J. T. Maston diciéndole que ha sido tímido en sus
cálculos, y propongo doblar sus ochocientas mil libras de pólvora.
-¿Un millón seiscientas mil libras? -exclamó J. T. Maston saltando de su asiento.
-Como lo digo.
-Pero entonces fuerza será recurrir a mi cañón de media milla de longitud.
-Es evidente-dijo el mayor.
-Un millón seiscientas mil libras de pólvora -repuso el secretario de la comisión-
ocuparán aproximadamente un espacio de 22.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-143
|