De la Tierra a la Luna (Julio Verne) - pág.37
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rro, y parece haber sido creado expresamente para suministrarnos la materia de que se ha
de componer nuestro proyectil.
-¡Bien por el aluminio! -exclamó el secretario de la comisión, siempre muy estrepitoso
en sus momentos de entusiasmo.
-Pero, mi estimado presidente -dijo el mayor-, ¿no es acaso el aluminio excesivamente
caro?
-Lo era -respondió Barbicane-; en los primeros tiempos de su descubrimiento, una libra
de aluminio costaba de 260 a 280 dólares (cerca de 1.500 francos); después bajó a 20
dólares (150 francos), y actualmente vale 9 dólares (48 francos).
-Aun así -replicó el mayor, que no daba fácilmente su brazo a torcer-, es un precio
enorme.
-Sin duda, mi querido mayor, pero no inasequible a nuestros medios.
-¿Cuánto pesará, pues? -preguntó Morgan.
-He aquí el resultado de mis cálculos -respondió Barbicane-. Una bala de 108 pulgadas
de diámetro y de 12 pulgadas de espesor pesaría, siendo de hierro colado, 67.440 libras;
construida en aluminio, su peso queda reducido a 19.250 libras.
-¡Perfectamente! -exclamó Maston-. No nos separamos del programa.
-Sí, perfectamente -replicó el mayor-. Pero ¿no veis que a 9 dólares la libra el proyectil
costará...?
-Ciento setenta y tres mil doscientos cincuenta dólares, exactamente; pero no temáis,
amigos, no faltará dinero para nuestra empresa, respondo de ello.
-Una lluvia de oro caerá en nuestras cajas -replicó J. T. Maston.
-Pues bien, ¿qué os parece el aluminio? -preguntó el presidente.
-Adoptado -respondieron los tres miembros de la comisión.
-En cuanto a la forma de la bala -repuso Barbicane-, importa poco, pues una vez
traspasada la atmófera, el proyectil se hallará en el vacío. Propongo, por tanto, que la bala
sea redonda, para que gire como mejor le parezca y se conduzca del modo que le dé la
gana.
Así terminó la primera sesión de la comisión. La cuestión del proyectil estaba
definitivamente resuelta, y J. T. Maston no cabía de alegría en su pellejo, pensando que
se iba a enviar una bala de aluminio a los selenitas, to que les daría una alta idea de los
habitantes de la Tierra.
VIII
Historia del cañón
Las resoluciones tomadas en la primera sesión produjeron en el exterior un gran efecto.
La idea de una bala de 20.000 libras atravesando el espacio alarmaba un poco a los
meticulosos. ¿Qué cañón, se preguntaban, podrá transmitir jamás a semejante mole una
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