De la Tierra a la Luna (Julio Verne) - pág.35
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que un diámetro de nueve pies.
-¡Perfectamente! -exclamó J. T. Maston-. ¿Nuestro proyectil va a tener nueve pies de
diámetro?
-Ni más ni menos.
-Permitidme deciros, sin embargo -repuso el mayor Elphiston-, que, aun así, será un
peso tal ... .
-¡Oh, mayor! -respondió Barbicane-. Antes de discutir su peso, permitidme deciros que
nuestros padres hacían, en este género, maravillas. Lejos de mí la idea de que la balística
no ha progresado, pero bueno es saber que ya en la Edad Media se obtenían resultados
sorprendentes, y aun me atreveré a decir más sorprendentes que los nuestros.
-Eso contádselo a mi abuela-replicó Morgan.
Justificad vuestras palabras -exclamó al momento J. T. Maston.
-Nada más fácil -replicó Barbicane-, puedo citar ejemplos en apoyo de mi aserción. En
el sitio que puso a Constantinopla Mohamed II, en 1543, se lanzaron balas de piedra que
pesaban 1.900 libras, que serían de un regular tamaño.
-¡Oh! ¡Oh! -exclamó el mayor-. Muchas libras son 1.900.
-En Malta, en tiempos de los caballeros, cierto cañón del fuerte de San Telmo arrojaba
proyectiles que pesaban 2.500 libras.
-¡Imposible!
-Por último, según un historiador francés, bajo el reinado de Luis XI, había un mortero
que arrojaba una bomba de 500 libras de peso solamente; pero esta bomba, partiendo de
la Bastilla, que era un punto en que los locos encerraban a los cuerdos, iba a caer en
Charenton, que es un punto donde los cuerdos encierran a los locos.
-¡Imposible!
-¡Muy bien! -dijo J. T. Maston.
-¿Qué hemos visto nosotros después, en resumidas cuentas? ¡Los cañones Armstrong,
que disparan balas de 500 libras, y los columbiads Rodman, que disparan balas de media
tonelada! Parece, pues, que si los proyectiles han ganado en alcance, en peso más han
perdido que han ganado. Haciendo los debidos esfuerzos, llegaremos con los progresos
de la ciencia a decuplicar el peso de las balas de Mohamed II y de los caballeros de
Malta.
-Es evidente -respondió el mayor-. Pero ¿de qué metal pensáis echar mano para el
proyectil?
-Del hierro fundido, pura y simplemente -dijo el general Morgan.
-¡Hierro fundido! -exclamó J. T. Maston con profundo desdén-. El hierro es un metal
muy ordinario para fabricar una bala destinada a hacer una visita a la Luna.
-No exageremos, mi distinguido amigo -respondió Morgan-. El hierro fundido bastará.
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