De la Tierra a la Luna (Julio Verne) - pág.26
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cenicienta, se ex-
plica naturalmente por el efecto de los rayos del Sol rechazados de la Tierra a la Luna,
los cuales completan, al parecer, el disco lunar, cuando éste se presenta en cuarto
creciente o menguante.
Tal era el estado de los conocimientos adquiridos sobre el satélite de la Tierra, que el
Gun-Club se propuso completar bajo todos los puntos de vista, tanto cosmográficos y
geológicos como políticos y morales.
VI
Lo que no es posible dudar y lo que no es permitido creer en los Estados Unidos
La proposición de Barbicane había tenido por resultado inmediato el poner sobre el
tapete todos los hechos astronómicos relativos al astro de la noche. Todos los ciudadanos
de la Unión se dieron a estudiarlo asiduamente. Hubiérase dicho que la Luna aparecía por
primera vez en el horizonte y que nadie hasta entonces la había entrevisto en el cielo. Se
puso de moda, era el alma de todas las conversaciones, sin menoscabo de su modestia, y
tomó sin envanecerse un puesto de preferencia entre los astros. Los periódicos
reprodujeron las anécdotas añejas en que el Sol de los lobos figuraba como protagonista;
recordaron las influencias que le atribuía la ignorancia de las primeras edades; la cantaron
en todos los tonos, y poco le faltó para que citasen de ella algunas frases ingeniosas.
América entera se sintió acometida de selenomanía.
Las revistas científicas trataron más especialmente las cuestiones que se referían a la
empresa del GunClub, y publicaron, comentándola y aprobándola sin reserva, la carta del
observatorio de Cambridge.
A nadie, ni aun al más lego de los yanquis, le estaba permitido ignorar uno solo de los
hechos relativos a su satélite, ni respecto del particular se hubiera tampoco tolerado que
las personas de menos cacumen hubiesen admitido supersticiosos errores. La ciencia
llegaba a todas partes bajo todas las formas imaginables; penetraba por los oídos, por los
ojos, por todos los sentidos; en una palabra, era imposible ser un asno... en astronomía.
Hasta entonces la generalidad ignoraba cómo se había podido calcular la distancia que
separa la Luna de la Tierra. Los sabios se aprovecharon de las circunstacias para enseñar
hasta a los más negados que la distancia se obtenía midiendo el paralaje de la Luna. Y si
la palabra paralaje les dejaba a oscuras, decían que paralaje es el ángulo formado por dos
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