De la Tierra a la Luna (Julio Verne) - pág.16
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el Instituto Sunthosontana de Washington, enviaron mil cartas de felicitación al
Gun-Club, con ofrecimientos de apoyo y dinero.
Nunca proposición alguna había obtenido tan numerosas adhesiones. No hubo ninguna
inquietud, ninguna vacilación, ninguna duda. En cuanto a las chanzonetas, a las
caricaturas, a las canciones burlescas que hubieran acogido en Europa, y particularmente
en Francia, la idea de enviar un proyectil a la Luna, hubieran desacreditado al que los
hubiese permitido, y todos los life preservers(1) del mundo hubieran sido impotentes para
librarse de la indignación general. Hay cosas de las que nadie suele reírse en el Nuevo
Mundo.
Impey Barbicane fue desde aquel día uno de los más grandes ciudadanos de los Estados
Unidos, algo como si dijéramos el Washington de la ciencia, y un rasgo de los muchos
que pudiéramos citar, bastará para demostrar a qué extremo llegó la idolatría que a todo
un pueblo merecía un hombre.
Algunos días después de la famosa sesión del GunClub, el director de una compañía
inglesa de cómicos anunció en el teatro de Baltimore la representación de Much ado
about nothing.(2) Pero la población de la ciudad, viendo en este título una alusión
malévola a los proyectos del presidente Barbicane, invadió el teatro, hizo pedazos los
asientos y obligó a variar su cartel al desgraciado director, el cual, hombre sagaz,
inclinándose ante la voluntad pública, reemplazó la malhadada comedia por la titulada As
you tithe it(3) que durante muchas semanas le valió un lleno completo.
1. Arma de bolsillo que se compone de una ballena flexible y una bala de metal.
2. Mucbo ruido y pocas nueces, comedia de Shakespeare
3. Como gustéis, obra del mismo autor.
IV
Respuesta del observatorio de Cambridge
Sin embargo, Barbicane no perdió un solo instante en medio de las ovaciones de que
era objeto. Lo primero que hizo fue reunir a sùs colegas en el salón de conferencias del
Gun-Club, donde después de una concienzuda discusión, se convino en consultar a los
astrónomos sobre la parte astronómica de la empresa. Conocida la respuesta, se debían
discutir los medios mecánicos, no descuidando ni to más insignificante para asegurar el
buen éxito de tan gran experimento.
Se redactó, pues, y se dirigió al observatorio de Cambridge, en Massachusetts, una nota
muy precisa que contenía preguntas especiales. La ciudad de Cambridge, donde se fundó
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