De la Tierra a la Luna (Julio Verne) - pág.15
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Albany, Washington, Richmond, Crescent City,(5) Charleston, Mobile, desde Texas a
Massachusetts, desde Michigan a Florida, participaron todas del delirio. Los treinta mil
socios correspondientes del Gun-Club conocían la carta de su presidente y aguardaban
con igual impaciencia la famosa comunicación del 5 de octubre. Aquella misma noche,
las palabras del orador, a medida que salían de sus labios, corrían por los hilos
telegráficos que atraviesan en todos sentidos los Estados de la Unión, a una velocidad de
248.447 millas por segundo. Podemos, pues, decir con una exactitud absoluta, que los
Estados Unidos de América; diez veces mayores que Francia, lanzaron en el mismo
instante un solo hurra, y que veinticinco millones de corazones, henchidos de orgullo,
palpitaron con un solo latido.
1. Locales semejantes a los cafés.
2. Mezcla de ron, zumo de naranja, azúcar, canela y nuez moscada. Esta bebida, de color amarillo, se
sorbe por medio de un tubito de vidrio.
3. Marinero.
4. Bebida muy fuerte, que suele tomar el vulgo.
5. Sobrenombre de Nueva Orleans.
Al día siguiente, mil quinientos periódicos diarios, semanales, bimensuales o
mensuales, se apoderaron de la cuestión, y la examinaron bajo sus diferentes aspectos
físicos, meteorológicos, económicos y morales, y hasta bajo el punto de vista de la
preponderancia política y de su influencia civilizadora. Algunos se preguntaron si la Luna
era un mundo extinguido, y si no experimentaría ya ninguna transformación. ¿Se parecía
a la Tierra durante los tiempos en que no había aún atmósfera? ¿Qué espectáculo
presentaría al hacerse visible la faz que desconoce el esferoide terrestre?
Aunque no se tratara más que de enviar una bala al astro de la noche, todos veían en
este hecho el punto de partida de una serie de experimentos; todos esperaban que
América penetraría los últimos secretos de aquel disco misterioso, y algunos hablaban ya
de las sensibles perturbaciones que acarrearía su conquista al equilibrio europeo.
Discutido el proyecto, no hubo un solo periódico que pusiese su realización en duda.
Las colecciones, los folletos, las gacetas, los boletines publicados por las sociedades
científicas, literarias o religiosas hicieron resaltar sus ventajas, y la Sociedad de Historia
Natural de Boston, la Sociedad Americana de Ciencias y Artes de Albany, la Sociedad de
Geografía y Estadística de Nueva York, la Sociedad Filosófica Americana de Filadelfia,
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