De la Tierra a la Luna (Julio Verne) - pág.5
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tres años después perdemos el fruto de tantas fatigas para condenarnos a una deplorable
inercia con las manos metidas en los bolsillos.
Trabajo le hubiera costado al valiente coronel dar una prueba semejante de su
ociosidad, y no por falta de bolsillos.
-¡Y ninguna guerra en perspectiva! -dijo entonces el famoso J. T. Maston, rascándose
su cráneo de goma elástica-. ¡Ni una nube en el horizonte, cuando tanto hay aún que
hacer en la ciencia de la artillería! Yo, que os hablo en este momento, he terminado esta
misma mañana un modelo de mortero, con su plano, su corte y su elevación, destinado a
modificar profundamente las leyes de la guerra.
-¿De veras? -replicó Tom Hunter, pensando involuntariamente en el último ensayo del
respetable J. T. Maston.
-De veras -respondió éste-. Pero ¿de qué sirven tantos estudios concluidos y tantas
dificultades vencidas? Nuestros trabajos son inútiles. Los pueblos del nuevo mundo se
han empeñado en vivir en paz, y nuestra belicosa Tribuna(1) pronostica catástrofes
debidas al aumento incesante de las poblaciones.
-Sin embargo, Maston-respondió el coronel Blomsberry-, en Europa siguen batiéndose
para sostener el principio de las nacionalidades.
-¿Y qué?
-¡Y qué! Podríamos intentar algo a11í, y si se aceptasen nuestros servicios...
-¿Qué osáis proponer? -exclamó Bilsby-. ¡Cultivar la balística en provecho de los
extranjeros!
-Es preferible a no hacer nada -respondió el coroner.
-Sin duda -dijo J. T. Maston- es preferible, pero ni siquiera nos queda tan pobre recurso.
-¿Y por qué? -preguntó el coroner.
-Porque en el viejo mundo se profesan sobre los ascensos ideas que contrarían todas
nuestras costumbres americanas. Los europeos no comprenden que pueda llegar a ser
general en jefe quien no ha sido antes subteniente, to que equivale a decir que no puede
ser buen artillero el que por sí mismo-no ha fundido el cañón, to que me parece...
-¡Absurdo! -replicó Tom Hunter destrozando con su bowieknife(2) los brazos de la
butaca en que estaba sentado-. Y en el extremo a que han llegado las cosas no nos queda
ya más recurso que plantar tabaco y destilar aceite de ballena.
1. El más fogoso periódico abolicionista de la Unión.
2. Cuchillo de bolsillo, de ancha hoja.
-¡Cómo! -exclamó J. T. Maston con voz atronadora-. ¿No dedicaremos los últimos años
de nuestra existencia al perfeccionamiento de las armas de fuego? ¿No ha de presentarse
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