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Cinco Semanas en Globo (Julio Verne) - pág.58

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nada desdeñable.
-¡Ya lo creo! -respondió Joe con la boca llena-. Yo me comprometería a no comer mas
que antílope todos los días de mi vida, con tal que no me faltase un buen vaso de grog
para digerirlo más fácilmente.
Joe preparó la codiciada pócima y los tres la paladearon con recogimiento.
-La cosa marcha -dijo.
-A pedir de boca -respondió Kennedy.
-¿Qué tal, señor Dick? ¿Siente habernos acompañado?
-¿Quién hubiera sido capaz de impedírmelo? -respondió el cazador resueltamente.
Eran las cuatro de la tarde. El Victoria encontró una corriente más rápida. El terreno se
elevaba insensiblemente, y muy pronto la columna barométrica indicó una altura de mil
quinientos pies sobre el nivel del mar. El doctor se vio entonces obligado a sostener el
aeróstato mediante una dilatación de gas bastante fuerte, y el soplete funcionaba
incesantemente.
Hacia las siete, el Victoria planeaba sobre la cuenca de Kanyemé. El doctor reconoció
al momento aquel vasto desmonte de seis millas de extensión, con sus aldeas ocultas
entre baobabs y güiras. Allí se encuentra la residencia de uno de los sultanes del país de
Ugogo, donde la civilización está menos atrasada y se comercia rara vez con carne
humana; sin embargo, hombres y animales viven juntos en chozas redondas sin armazón
de madera, que parecen haces de heno.
Después de Kanyemé, el terreno se vuelve árido y pedregoso; pero a una hora de
distancia, cerca de Mdaburu, hay un valle fértil donde la vegetación recobra todo su
vigor. El viento cesó al anochecer, y la atmósfera pareció dormirse. El doctor buscó en
vano una corriente a diferentes alturas; al constatar la calma de la naturaleza, resolvió
pasar la noche en el aire y, para mayor seguridad, se elevó unos mil pies. El Victoria
permanecía inmóvil, y la noche, magníficamente estrellada, cayó en silencio.
Dick y Joe se tumbaron en su apacible cama y se sumieron en un profundo sueño
durante la guardia del doctor, que fue reemplazado por el escocés a medianoche.
-Si se produce cualquier incidente -le dijo a Dick-, despiértame y, sobre todo, no
pierdas de vista el barómetro. El barómetro es nuestra brújula.
La noche fue fría; llegó a haber 270 de diferencia con la temperatura del día. Con
las tinieblas había empezado el concierto nocturno de los animales, a quienes la sed y el


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