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Cinco Semanas en Globo (Julio Verne) - pág.55

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Cazad bien y sed prudentes. Yo, desde aquí, observaré el terreno y a la menor sospecha
que conciba dispararé la carabina. El tiro será la señal de reunión.
-De acuerdo -respondió el cazador.

XIV
El bosque de gomeros. - El antílope azul - La señal de
reunión. - Un asalto inesperado. - El Kanyemé. - Una
noche en el aire. - El Mabunguru. -Jihoue-la-Mkoa. -
Provisión de agua. - Llegada a Kazeb

El país, árido, seco, formado de una tierra arcillosa que el calor agrietaba, parecía
desierto. De vez en cuando se encontraban algunos vestigios de caravanas, osamentas
blanquecinas de hombres y animales, medio roídas y mezcladas con el polvo.
Dick y Joe, después de una media hora de marcha, se internaron en un bosque de
gomeros, al acecho y con el dedo en el gatillo de la escopeta. No sabían con quién
tendrían que habérselas. Joe, sin ser un tirador de primera, manejaba bien un arma de
fuego.
-Caminar sienta bien, señor Dick, aunque el terreno que pisamos no es muy cómodo
-dijo Joe, tropezando con los fragmentos de cuarzo de que estaba sembrado el suelo.
Kennedy indicó con un gesto a su compañero que callase y se detuviese. Faltaban
perros, y la agilidad de Joe, por mucha que fuese, no equivalía al olfato de un pachón o
de un podenco.
En el lecho de un torrente, en el que quedaban algunas aguas estancadas, saciaba su sed
un grupo de unos diez antílopes. Aquellos graciosos animales, olfateando un peligro,
parecían inquietos; entre sorbo y sorbo de agua, levantaban la cabeza con azoramiento,
husmeando con sus hocicos las emanaciones de los cazadores.
Kennedy rodeó unos matorrales, en tanto que Joe permanecía inmóvil. Llegó a tiro de
los antílopes y disparó su escopeta. El grupo desapareció rápidamente, quedando sólo un
antílope macho que cayó como herido por un rayo. Kennedy se precipitó sobre su
víctima.
Era un magnífico ejemplar de un azul claro, casi ceniciento, con el vientre y la parte
anterior de las patas de una blancura deslumbradora.
-¡Buen tiro! -exclamó el cazador-. Es una especie de antilope muy rara, y espero poder
preparar su piel para conservarla.
-¿Qué dice, señor Dick?
-Lo que oyes. ¡Mira qué pelaje tan espléndido!
-Pero el doctor Fergusson no admitirá un exceso de peso


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