Cinco Semanas en Globo (Julio Verne) - pág.8
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Nilo. Admiraba sin reserva alguna el carácter enérgico del doctor Fergusson y su corazón
cubierto con un triple escudo de bronce que concebía e intentaba semejante viaje.
El North American Review vio, no sin disgusto, que estaba reservada a Inglaterra tan
alta gloria; procuro poner en ridículo la proposición del doctor, y le indicó que,
hallándose en tan buen camino, no parase hasta América.
En una palabra, sin contar los diarios del mundo entero, no hubo publicación científica,
desde el Journal des Missions evangéliques hasta la Revue algérienne et coloniale, desde
los Annales de la Propagation de la Foi hasta el Church Missionary Intelligencer, que no
considerase el hecho bajo todos sus aspectos.
En Londres y en toda Inglaterra se hicieron considerables apuestas: primero, sobre la
existencia real o supuesta del doctor Fergusson; segundo, sobre el viaje en sí, que no se
intentaría, según unos, y según otros se emprendería pronto; tercero, sobre si tendría o no
éxito; y cuarto, sobre las probabilidades o improbabilidades del regreso del doctor
Fergusson. En el libro de las apuestas se consignaron enormes sumas, como si se hubiese
tratado de las carreras de Epsom.
Así pues, crédulos e incrédulos, ignorantes y sabios, fijaron todos su atención en el
doctor, el cual se convirtió en una celebridad sin sospecharlo. Dio gustoso noticias
precisas de sus proyectos expedicionarios. Hablaba con quien quería hablarle y era el
hombre más franco del mundo. Se le presentaron algunos audaces aventureros para
participar de la gloria y peligros de su tentativa, pero se negó a llevarlos consigo sin dar
razón de su negativa.
Numerosos inventores de mecanismos aplicables a la dirección de los globos le
propusieron su sistema, pero no quiso aceptar ninguno. A los que le preguntaban si acerca
del particular había descubierto algo nuevo, les dejó sin ninguna explicación, y siguió
ocupándose, con una actividad creciente, de los preparativos de su viaje.
III
El amigo del doctor. - De cuándo databa su amistad. -
Dick Kennedy en Londres. - Proposición inesperada,
pero nada tranquilizadora. - Proverbio poco
consolador. - Algunas palabras acerca del martirologio
africano. - Ventajas del globo aerostático. - El secreto
del doctor Fergusson
El doctor Fergusson tenía un amigo. No era éste una réplica de sí mismo, un alter ego,
pues la amistad no podría existir entre dos seres absolutamente idénticos.
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