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El Castillo de los Cárpatos (Julio Verne) - pág.51

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especie de tronera, o más bien un hueco, por el que en otro tiempo asomaba la boca de
una culebrina. Sirviéndose de una de las cadenas del puente levadizo, que pendía hasta el
suelo, no sería muy difícil para un hornbre ágil y vigoroso subir hasta aquella hendidura;
su anchura era suficiente para dar paso, y a menos que en la parte interior tuviese una
reja, Nic Deck llegaría sin duda a pasar al interior del castillo.
Desde luego comprendió el guardabosque que no había otro medio má practicable, y he
aquí por qué, seguido del inconsciente doctor, descendió por la parte interna de la
contraescarpa. Llegaron al fondo del foso, sembrado de piedras, entre el follaje de las
plantas salvajes. No era posible saber donde se ponía el pie, y si bajo aquellas hierbas
húmedas hormigueban millares de bichos venenosos.
En medio del foso, y paralelo a la muralla, corría el cauce de la antigua. cuneta, ahora
casi seca, y que se podía franquear fácilmente de un sólo salto.
Como Nic Deck no había perdido nada de su energía -física y moral, obraba con sangre
fría, mientras el doctor le seguía maquinalmente, como la bestia amarrada por una cuerda
al cuello.
Pasada la cuneta, el guardabosque siguió veinte pasos a lo largo de la muralla
deteniéndose bajo la poterna, en el sitio donde pendía la cadena del puente levadizo.
Ayudándose con los pies, y las manos, no le sería difícil llegar al saliente de la piedra
junto a la entrada.
Evidentemente Nic Deck no pretendía obligar al doctor a que le acompañase en aquel
escalo. Un hombre tan torpe no hubiera podido hacerlo. Limitóse, pues, a sacudirlo
violentamente para hacerse comprender, y le recomendó que se quedase sin moverse en
el fondo del foso. Cogió la cadena y gateó, sin que aquello significase más que un juego
para sus músculos de montañés.
Pero así que el doctor se vio solo, de nuevo se dio cuenta de su situación; comprendió,
miró y vio a su compañero ya suspendido unos doce pies del suelo, y con voz ahogada
por la emoción, exclamó:
-¡Espera, Nic, espera!
El joven no le escuchó.
-¡Ven, ven, o me voy! gritó el doctor levantándose y dando algunos pasos.
-¡Idos! respondió Nic; y continuó subiendo por la meseta.


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