Juegos tradicionales, entretenimientos e información
    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia Juegos | Contacto

  Secciones > Libros Clásicos > El Castillo de los Cárpatos (Julio Verne)

 

El Castillo de los Cárpatos (Julio Verne) - pág.49

Indice General | Volver

Página 49 de 128


volvió al silencio y a la oscuridad.
Ni uno ni otro pensaron en dormir; el doctor, medio muerto de estupor; el guardabosque
de pie contra el banco de piedra, esperando la llegada del alba.
¿Qué pensamientos agitaban la mente de Nic Deck en presencia de aquellas cosas tan
evidentemente sobrenaturales a sus ojos? ¿Persistiría en seguir su temeraria aventura?
Cierto que él había dicho que penetraría en el castillo y que exploraría el torreón. Mas
¿no era suficiente haber llegado a su infranqueable muralla y haber despertado la colera,
de los genios y provocado aquel desorden de dos elementos? ¿Se le reprocharía no haber
mantenido su promesa si regresaba al pueblo sin haber continuado su locura hasta
aventurarse en el diabólico castillo?
De repente el doctor se precipitó hacia él y le cogió por una mano, procurando
arrastrarle, mientras le decía con voz sorda:
-¡Ven, ven!
-¡No! respondió Nic Deck.
Y a su vez retuvo al doctor, que volvió a caer después de este último esfuerzo.
La noche acabó al fin; y tal era el estado de su espíritu, que ni el guardabosque ni el
doctor tuvieron conciencia del tiempo que transcurrió hasta el alba. Nada quedó en su
memoria de las horas que precedieron a las primeras luces de la mañana.
En este instante una linea rosada se dibujó sobre lo ancho del Paring hacia el Este y al
otro lado del valle de los dos Sils. Ligeras brumas crepusculares se esparcieron en el
cenit, sobre un cielo rayado como una piel de cabra.
Nic Deck se volvió hacia el castillo y vio que las formas de éste se destacaban poco a
poco. Vio el torreón saliendo sobre las altas brumas, que descendían hacia la garganta del
Vulcano; vio la capilla, las galerías, la muralla, elevándose sobre los vapores nocturnos;
después, sobre el baluarte anguloso, recostarse el haya, cuyas hojas se agitaban a la brisa
de Levante.
En nada había cambiado el aspecto ordinario del castillo. La campana estaba tan
inmóvil como la vieja veleta feudal.
No salía humo alguno de la chimenea del torreón, cuyas ventanas alambradas
permanecían herméticamente cerradas.
Por encima de la plataforma y en las altas zonas del cielo, algunos pájaros
revoloteaban, arrojando sus gritos agudos.
Nic Deck volvió los ojos hacia la entrada principal del castillo.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-128  



Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Canales de tv online en vivo hd Cursos Gratis
Psicología
Biografías

Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z



Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  


Copyright ©1999-2015 Nuevarena.com Todos los derechos reservados