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El Castillo de los Cárpatos (Julio Verne) - pág.46

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el diablo. Cruzó por su mente la idea de que el Chort no debía de andar lejos, si acaso
vivía en el castillo, y que ni la cerrada poterna, ni el puente levadizo alzado, ni la cortante
muralla, ni el profundo foso, le impedirían salir, si le entraba la idea de venir a retorcerle
a los dos el cuello.
Y cuando pensaba que tenía que pasar toda una noche en tales condiciones, temblaba de
espanto. ¡No Aquello era exigir de él demasiado; los más enérgicos temperamentos no
hubieran podido resistirlo.
Además, aunque tarde, le había venido un pensamiento. Estaban en la noche del martes,
día aciago, en que las gentes del distrito se guardan bien de salir después de puesto el sol.
El martes como se sabe era allí día de maleficios; y a dar crédito a las tradiciones,
aventurarse por el campo era tanto como exponerse al encuentro con algún genio
maléfico. En martes nadie circula por las calles ni por los caminos desde que llega la
noche.
Y he aquí el doctor Patak, no solamente se encontraba fuera de su casa, sino en las
cercanías de un castillo encantado y a dos o tres millas del pueblo. Y allí tenía que estar
esperando la vuelta del alba, caso que luciera para él de nuevo. Aquello, en verdad, era
tentar al diablo. Estaba el doctor engolfado en estas ideas en tanto que el guardabosque
sacaba tranquilamente de su alforja un trozo de carne fiambre, después de haberse echado
un buen trago de su calabaza.
Pensó el doctor que lo mejor que podía hacer era imitar a su compañero, y así lo hizo.
Un muslo de pato, un trozo de pan, todo regado de rakiu, fue suficiente para reparar sus
fuerzas. Si calmó su hambre, no pudo calmar su miedo.
-Ahora, a dormir, dijo Nic Deck, así que hubo colocado su alforja al pie del banco.
-¡Dormir!
-Buenas noches, doctor.
-¡Buena noche! ... Eso se dice fácilmente; pero me temo que ésta va a acabar mal. - -
Nic Deck, que no estaba de humor de hablar, no respondió.
Acostumbrado por su profesión a dormir en los bosques, acomodóse ilo mejor que pudo
junto a la piedra, y no tardó en caer en profundo sueño. Así que el doctor sólo podía


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