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El Castillo de los Cárpatos (Julio Verne) - pág.43

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Nic Deck hacía
bien en apresurarse, porque en aquellas espesuras la noche se echaba de repente.
¡Curioso y extraño aspecto en verdad el de estos bosques donde se hacinan, por decirlo
así, las espécies arbóreas alpinas! No se ven va allí árboles nudosos, ni retorcidos, sino
troncos rectos, altísimos, y desnudos hasta una altura de cincuenta o sesenta pies: troncos
lisos que extienden a manera de teoho su perenne verdor. En su base no hay matorrales ni
zarzas; largas raíces saliendo a flor de tierra corno serpientes adormecidas por el frío se
ven por doquier. El suelo muéstrase alfombrado de un musgo amarillento y seco, lleno de
ramillas y sembrado de especies de tubérculos que rechinan bajo el pie, y un talud
cruzado de cristalinas rocas, cuyas aristas afiladas cortan la piel más recia. El paso fue,
pues, muy difícil por medio de aquel bosque, y en un cuarto de milla. Para escalar
aquellos bloques era necesario una fuerza de riñones, un vigor de piernas y una seguridad
de miembros que sin duda no se encontraban en el doctor Patak. Si Nic Deck hubiese
estado solo, no hubiera empleado más de una hora; pero con el aditamento de su
compañero empleó tres, ya deteniéndose para que le alcanzara, ya ayudándole a subir
sobre alguna roca demasiado alta para las cortas piernas del doctor. Éste sentía un temor
horrible: encontrarse solo en medio de aquellos parajes.
A medida que la pendiente se hacía más penosa, los árboles comenzaban a escasear
sobre la alta cima del Plesa, y sólo fortnaban grupos aislados de medianas dimensiones.
Entre aquellos grupos percibíase la línea de las montañas que se dibujaban en último
término entre los últimos vapores de la tarde.
El torrente del Nyad, siempre sorteado por el guardabosque, no era por aquel punto más
que un arroyuelo, lo que indicaba que su nacimiento no debía estar lejos. A algunos
centenares de pies por encima de los últimos pliegues del terreno, acortábase la meseta de
Orgall, coronada por las construcciones del castillo. Por fin Nic Deck llegó a la meseta,
después de un supremo esfuerzo que redujo al doctor al estado de masa inerte. El pobre
hombre no hubiera tenido fuerzas para arrastrarse veinte pasos más allá, y cayó como cae


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