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El Castillo de los Cárpatos (Julio Verne) - pág.35

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de aquello, y aun no en voz alta. Id, pues, a decirles que no era el diablo, el Chort, el que
pronunció la terrible amenaza contra Nic Deck. Allí, en la posada de Jonás, estaban las
personas más verídicas, y todas atestiguaban haber oído las tremendas palabras. Era, por
lo tanto, inadmisible el suponer que hubiesen sido víctimas de una obsesión; no había
duda de que si Nic Deck persistía en llevar a cabo su propósito, sufriría aquello que a él
personalmente se le previno: una gran desgracia.
Y, no obstante, el guardabosque se aprestaba a salir de Werst, y por su gusto, sin que
nadie le obligase. El señor Koltz, aunque tenía interés en la empresa, y la población
entera que no tenía menos, habían puesto todos los medios para que Nic Deck desistiera
de su proyecto y volviese sobre su palabra. La misma Miriota, desolada y anegada en
llanto, había suplicado a su novio que abandonese la idea de tal aventura. Antes de la
advertencia dada por la voz, ya era grave, después, era una temeridad. ¿Y qué? En
vísperas de su matrimonio, ¿iba Nic Deck a arriesgar su vida en semejante tentativa, y su
novia, que se arrastraba a sus plantas, no conseguía retenerle?
Ni los ruegos de sus amigos, ni el llanto de Miriota, pudieron torcer el ánimo del
guardabosque; lo que no sorprendió a nadie, conociendo el carácter indomable del joven,
su tenacidad o, por mejor decir, su terquedad. Había dicho que iría al castillo de los
Cárpatos, y nada podría impedirlo; ni aún aquella amenaza que tan directamente se le
había hecho. Sí... Iría al castillo, aunque no volviese.
Cuando llegó la hora de partir, Nic Deck atrajo a Miriota hacia su corazón por última
vez, en tanto que la joven se santiguaba con el pulgar, el índice y el dedo medio, según la
costumbre rumana, y como homenaje a la Santísima Trinidad.
¿Y el doctor Patak? El doctor Patak, puesto en el trance de tener que acompañar al
guardabosque, había tratado de excusarse, sin resultado. Había dicho cuanto podía decir;
había hecho cuantas objeciones era posible hacer; se había parapetado tras de aquella
misteriosa amenaza que prohibía ir al castillo...
-Esa amenaza sólo se refiere a mí, se limitó a responder Nic Deck.


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