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Las Mil y Una Noches (Anónimo) - pág.404

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Y el maghrebín se encontró transportado, con el palacio de Aladino en medio de su país, en el Maghreb africano. ¡Y esto es lo referente a él!
Pero en cuanto al sultán; padre de Badrú’l-Budur, al despertarse el siguiente día salió de su palacio, como tenía por costumbre, para ir a visitar a su hija a la que quería tanto. Y en el sitio en que se alzaba el maravilloso palacio no vio más que, un amplio meidán agujereado por las zanjas vacías de los cimientos. Y en el límite de la perplejidad, ya no supo si habría perdido la razón; y empezó a restregarse los ojos para darse cuenta mejor de lo que veía. ¡Y comprobó que con la claridad del sol saliente y la limpidez de la mañana no había manera de engañarse, y que el palacio ya no estaba allí! Pero quiso convencerse más aún de aquella realidad enloquecedora, y subió al piso más alto, y abrió la ventana que daba enfrente de los aposentos de su hija. Y no vio palacio ni huella de palacio, ni jardines ni huella de jardines, sino sólo un inmenso meidán donde, de no estar las zanjas, habrían podido los caballeros justar a su antojo.
Entonces, desgarrado de ansiedad, el desdichado padre empezó a golpearse las manos una contra otra y a mesarse la barba llorando, por más que no pudiese darse cuenta exacta de la naturaleza y de la magnitud de su desgracia. Y mientras de tal suerte desplomábase sobre el diván, su gran visir entró para anunciarle, como de costumbre, la apertura de la sesión de justicia. Y vio el estado en que se hallaba, y no supo qué pensar. Y el sultán le dijo: «¡Acércate aquí!» Y el visir se acercó, y el sultán le dijo: «¿Dónde está el palacio de mi hija?» El otro dijo:
¡Alah guarde al sultán! ¡pero no comprendo lo que quiere decir!» El sultán dijo: «¡Cualquiera creería ¡oh visir! que no estás al corriente de la triste nueva!» El visir dijo: «Claro que no lo estoy, ¡oh mi señor! ¡por Alah, que no sé nada, absolutamente no!» El sultán dijo: «¡En ese caso, no has mirado hacia el palacio de Aladino!» El visir dijo: «¡Ayer tarde estuve a pasearme por los jardines que lo rodean, y no he notado ninguna cosa de.particular, sino que la puerta principal estaba cerrada a causa de la ausencia del emir Aladino!» El sultán dijo: «¡En ese caso, ¡oh visir! mira por esta ventana y dime si no notas ninguna cosa de particular en ese palacio que ayer viste con la puerta cerrada!» Y el visir sacó la cabeza por la ventana y miró, pero fue para levantar los brazos al cielo, exclamando: «¡Alejado sea el Maligno!» ¡el palacio ha desaparecido!» Luego se encaró con el sultán, y le dijo: «¡Y ahora ¡oh mi señor!´ ¿vacilas en creer que ese palacio, cuya arquitectura y ornamentación admiraban tanto, sea otra cosa que la obra de la más admirable hechicería? Y el sultán bajó la cabeza y reflexionó durante una hora de tiempo.


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