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Las Mil y Una Noches (Anónimo) - pág.349

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Y Aladino pensó durante la noche en todas las cosas hermosas que acababa de ver y en las alegrías que acababa de experimentar; y se prometió nuevas delicias para el siguiente día. Así es que se levantó con la aurora, sin haber podido pegar los ojos, y se vistio sus ropas nuevas, y empezó a andar de un lado para otro, enredándose los pies con aquel traje largo, al cual no estaba acostumbrado. Luego, como su impaciencia le hacía pensar que el maghrebín tardaba demasiado, salió a esperarle a la puerta y acabó por verle aparecer. Y corrió a él como un potro y le besó la mano. Y el maghrebín le beso y lo hizo muchas caricias, y le dijo que fuera a advertir a su madre que se le llevaba. Después le cogió de la mano y se fue con él. Y echaron a andar juntos, hablando de unas cosas y de otras; y franquearon las puertas de la ciudad, de donde nunca había salido aún Aladino. Y empezaron a aparecer ante ellos las hermosas casas particulares y los hermosos palacios rodeados de jardines; y Aladino los miraba maravillado, y cada cual le parecía más hermoso que el anterior.
Y así anduvieron mucho por el campo, acercándose más cada vez al fin que se proponía el maghrebín. Pero llegó un momento en que Aladino comenzó a cansarse, y dijo al maghrebín: «¡Oh tío mío! ¿tenemos que andar mucho todavía? ¡mira que hemos dejado atrás los jardines, y ya sólo tenemos delante de nosotros la montaña! ¡Además, estoy fatigadismo, y quisiera tomar un bocado!» Y el maghrebín se sacó del cinturón un pañuelo con frutas y pan, y dijo a Aladino: «Aquí tienes, hijo mio, con qué saciar tu hambre y tu sed. ¡Pero aún tenemos que andar un poco para llegar al paraje maravilloso que voy a enseñarte y que no tiene igual en el mundo! ¡Repón tus fuerzas, y toma alientos, Aladino, que ya eres un hombre!» Y continuó animándole, a la vez que le daba consejos acerca de su conducta en el porvenir, y le impulsaba a separarse de los niños para acercarse a los hombres sabios y prudentes. ¡Y consiguió distraerle de tal manera, que acabó por llegar con él a un valle desierto al pie de la montaña, y en donde no había más presencia que la de Alah!
¡Allí precisamente terminaba -el viaje del maghrebín! ¡Y para llegar a aquel valle había salido del fondo del Maghreb y había ido a los confines de la China!
Se encaró entonces con Aladino, que estaba extenuado de fatiga, y le dijo sonriendo: «¡Ya hemos llegado, hijo mío Aladino!» Y se sentó en una roca y le hizo sentarse al lado suyo Y lo abrazó con mucha ternura, y le dijo: «Descansa un poco Aladino. Porque al fin voy a mostrarte lo que jamás vieron los ojos de los hombres. Sí, Aladino; en seguida vas a ver aquí nusmo un jardín más hermoso que todos los jardines de la tierra.


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