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Las Mil y Una Noches (Anónimo) - pág.263

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Página 263 de 443


Y ambas son de categoría, pues así lo dan a entender su cara y su continente, pero van muy mal vestidas, y cada una lleva una alforja a cuestas, como los mendigos. Sus ojos están llenos de lágrimas. Y he aquí que te las traigo, porque sólo tú, ¡oh soberana de los beneficios! sabrás consolarlas y fortalecerlas, evitándoles el oprobio de las preguntas impertinentes, pues no deben ser sometidas a tales indiscreciones. Y espero que, gracias al bien que les hagamos, Alah nos reservará un puesto en el Jardín de las Delicias el día de la Recompensa.» Kuat Al-Kulub contestó: ¡Por Alah! que me inspiras un ardiente deseo de verlas. ¿Dónde están?» Entonces el jeique salió a buscarlas, y las puso en presencia de Kuat Al-Kulub.
Al ver la hermosura de Fetnah y la nobleza que se adornaba en su madre, y ambas cubiertas de harapos, Kuat Al-Kulub se puso a llorar, y dijo: «¡Por Alah! Son mujeres de noble cuna. Vea en su rostro que han nacido entre honores y riquezas.» Y el jeique exclamó: «¡Verdad dices, oh mi señora! La desgracia debe de haber caído sobre su casa. Les habrá perseguido la tiranía, arrebatándoles sus bienes. Ayudémoslas, para merecer las gracias de Alah el Misericordioso.» Y la madre y la hija prorrumpieron en llanto; y se acordaron de Ghanem ben-Ayub. Y al verlas llorar, Kuat Al-Kulub lloró con ellas. Y entonces la madre de Ghanem dijo: «¡Oh mi señora, llena de generosidad! ¡Plegue a Alah que podamos encontrar a quien buscamos con el corazón dolorido! ¡El que buscamos es el hijo de nuestras entrañas, la llama de nuestro corazón, a nuestro hijo Ghanem ben-Ayub El-Motim El-Masslub!»
Al oír este nombre, lanzó un gran grito Kuat Al-Kulub, pues acababa de comprender que tenía delante a la madre y a la hermana de Ghanem. Y cayó sin sentido. Cuando volvió en sí, se echó llorando en sus brazos, y les dijo: «¡Tened esperanza en Alah y en mí, ¡oh mis hermanas! pues este día será el primero de vuestra dicha y el último de vuestras desventuras! ¡Salid de vuestra aflicción!»
En este momento de su narración, Schahrazada vio aparecer la mañana, y cayó discretamente.

PERO CUANDO LLEGÓ LA 43a NOCHE

Ella dijo:

He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que después que Kuat Al-Kulub dijo a la madre y a la hermana de Ghanem: «Salid de vuestra aflicción», se dirigió al jeique, le dio mil dinares de oro, y le dijo: «¡Oh jeique! Ahora irás con ellas a tu casa, y dirás a tu esposa que las lleve al hammam, y les dé hermosos trajes, y las trate con toda consideración, sin escatimar nada para su bienestar.»
Al día siguiente, Kuat Al-Kuíub fue a casa del jeique a cerciorarse por sí misma de que todo se había ejecutado según sus instrucciones. Y apenas había entrado, salió a su encuentro la esposa del jeique, y le besó las manos y le dio las gracias por su generosidad. Después llamó a la madre y a la hermana de Ghanem, que habían ido al hammam y habían salido de él completamente transformadas, con los rostros radiantes de hermosura y nobleza.


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